La sombra del fraude, comprobación casi imposible

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Erick Almanza Ferrer

(Parte 3)

 

El demostrar la existencia de un posible fraude, suficiente para echar abajo la elección a gobernador, resulta por demás complicado, pues se requiere comprobar que existieron anomalías en el 20 por ciento de casillas instaladas, es decir, aproximadamente en mil 500 en el caso de Puebla.

De acuerdo con el artículo 76 inciso A de la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral, será causa de nulidad de una elección cuando se acrediten irregularidades en por lo menos 20 por ciento de las casillas del distrito.

Pareciera entonces que aún en caso de que el presunto fraude hubiese sido real, es difícil de comprobar. Barbosa acusó que fue hecho de forma quirúrgica y pareciera que así fue.

Al interior del morenovallismo se señala que el plan empleado fue riesgoso, al concluir que la elección salía de sus manos comenzó una ola de violencia y “mapachería” en la capital, como la que se vivía hace décadas; sin embargo, aunque se sabía que ello cobraría facturas, no sería factor suficiente para echar abajo el proceso pues en realidad se trataba de un distractor para que al mismo tiempo que ello sucedía, se hiciera una compra masiva de sufragios y se inflaran urnas en la sierra norte… fuera del visor.

Este tipo de delitos electorales son aún más difíciles de detectar y mucho menos de comprobar.

El punto final fue desacreditar al enemigo por lo que no se dio un robo de sufragios de Barbosa, sino que se aumentaron los números de la panista. Asimismo, de manera dolosa o fortuita, se tiró un anzuelo a la gente de Morena, el día 3 de julio, para que se mostraran violentos e intolerantes invadiendo el hotel MM bajo la presunción de la existencia de un laboratorio donde se clonaban actas y se realizaba el supuesto fraude electoral.

Al final, todo esto sigue siendo un mito, ante la dificultad o incluso la imposibilidad de comprobarlo.

La moneda está en el aire.

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