Los Conjurados

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El pecado de Enrique Cárdenas

Erika Rivero Almazán

 

Tengo que reconocerlo: me emocioné cuando lo vi ese 23 de agosto.

Era Enrique Cárdenas, con su aplomo de hombre de verdad, clamando a tambor batiente en redes sociales su interés de participar en las elecciones.

Fue un video cortito, casero, pero que removió los cimientos de las estructuras de partidos locales.

En mangas de camisa blanca, casi sonriente, seguro, cautivador y hasta entrón, decía: “Soy Enrique Cárdenas un ciudadano orgullosamente poblano… el próximo año los ciudadanos nos enfrentaremos a una decisión clave para nuestra querida Puebla. Los ciudadanos como tú, como yo, estamos hartos de la corrupción, de la impunidad y de los típicos políticos. Estoy listo para un cambio profundo, ¿qué dices, le entramos?”.

24 horas después se confirmaba que Cárdenas se destapa para la gubernatura, y la vía sería MORENA.

Por fin: un candidato ciudadano 100%, sin cola que le pisen, sin historial de corruptelas, enriquecimiento ilícito, nepotismo.

Era un intelectual, un estadista con experiencia nacional en programas para contrarrestar la pobreza.

AMLO en persona le dio la palmadita en la espalda y Cárdenas aceptó.

¿Quién iba a suponer que sería tan corto el amor y tan largo el olvido?

En las primeras de cambio, MORENA lo tachó de la lista y lo despojó de la candidatura para dársela al senador experredista, Luis Miguel Barbosa, dizque porque aventajaba en las encuestas, aunque hubo versiones de que los motivos obedecieron a una generosa cartera abierta para las necesidades de MORENA en Puebla.

Entonces, Cárdenas cambió de forma radical su postura.

Su aplomo de hombre de verdad se transformó en vanidad herida.

En rabiosa ceguera.

En necedad.

En rencor.

Y en empecinamiento.

Así nació “Sumamos”, conformado por intelectuales, de esos que saben muuuucho, hablan muuuucho, defienden los derechos civiles en discursos hermosos, pero que a la hora de cooperar, de trabajar, de asolearse, de andar a pie, de acercarse a la gente, de tocar puertas y de mostrarse humilde… pues de todos no se hace uno.

Y ni se diga cuando se trata de pasar el sombrero, de la coperacha, pues.

Ni el polvo se les ve.

Fue entonces que su presencia mediática de Cárdenas y de Sumamos ocurría sólo para quejarse:

De lo difícil e injusta que es la vida de los hombres honestos, como ellos, como él.

Que el Congreso local consideraba a los poblanos como ciudadanos de segunda.

Que estaba dificilísimo recolectar tantas firmas sin recursos, sin dinero y en tan poco tiempo.

Que las leyes electorales para los independientes era una misión imposible.

Que en otros estados no ponían tantas trabas a los candidatos sin partido.

Y entre tanta queja, ni a Enrique Cárdenas ni a Sumamos se les ocurrió construir brigadas entre sus afines para recorrer el estado y reunir el 3 por ciento de las firmas, o sea, un total de 123 mil.

Mucho menos caminar, ir a las poblaciones, a los mercados, a las juntas auxiliares, a las rancherías, a las Sierras, a acercarse con la gente, a explicarles su misión, a invitarlos a la participación ciudadana para apoyar la causa de los candidatos independientes.

Pero no.

Eso de andar entre el polvo y el sol, no se les da.

Cárdenas armó un par de apariciones en un puñado de universidades y al municipio más lejano que se atrevió a visitar fue a Atlixco.

Y sólo un ratito.

¿De verdad eso es ir con todo?

¿Eso es hacer un cambio desde la raíz para terminar con tanto político?

¿Eso es trabajar con la gente para hacer un cambio social?

Ninguno de los integrantes de Sumamos se sumó a la chamba, a la participación, a aterrizar en la gente de adeveras lo que tanto pregonan en sus charlas de café y en sus oratorias en las universidades.

¿Cómo Cardenas quiso ser candidato al gobierno del estado sin visitar el estado, sus municipios, su gente?

No tuvo ni la intención de ensuciarse un poco los zapatos.

De las 132 mil 552 firmas que necesitaba, sólo alcanzó 11 mil 408.

Se le preguntó en una entrevista para NG Noticias:
-¿No se arrepiente de haber buscado la gubernatura?, ¿no hubiera sido más fácil buscar una alcaldía o una diputación?.. muchas personas de lo habrán dicho ya… hasta de necio lo tacharon…
-(ríe)… si es cierto lo de necio, pero la gente piensa que uno va por “un huesito”, y yo no voy por eso… quiero hacer un verdadero cambio y eso sólo se puede lograr desde la gubernatura… una alcaldía o una diputación no funcionan para mis objetivos: transformar al estado y convertirlo en un estado-ejemplo, y de ahí, una transformación nacional.

Bueno, pues hasta ahí quedaron las intenciones de una “transformación nacional”.

Cosa curiosa: Eduardo Covían Carrizales, aspirante a candidato independiente por el distrito 16 en Puebla superó las casi 6 mil firmas que requería y logró llegar casi a 10 mil.

Él solo, con sus amigos y su familia como único soporte.

Sin apoyo de un partido, un equipo o de recursos económicos.

Lo mismo ocurrió en total con 14 de los 30 aspirantes a una candidatura para el 2018.

La única diferencia es que ellos sí lo tomaron en serio.

Ellos sí arriesgaron.

Trabajaron.

Se asolearon y caminaron.

Se acercaron a la gente y les pidieron con humildad y sencillez su apoyo.

Ahora nos queda claro por qué MORENA le dio un portazo a quien hubiera sido un excelente candidato.

Su pecado era demasiado grande.

La soberbia.

losconjurados76@hotmail.com

Face: Erika Rivero

TW: @erikariveroa

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