Luis Banck y Eduardo Rivera, ¿acuerdos rotos?

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Los Conjurados

Erika Rivero Almazán

Algo muy oscuro está sucediendo en la relación entre Luis Banck y Eduardo Rivera. Trascendió por parte de ambos equipos que habían sostenido una reunión en la más íntima intimidad en la cual rompieron el hielo y fijaron una postura de acercamiento y conciliación: Rivera abriría la baraja de regidurías para funcionarios cercanos a Banck (o sea, morenovallistas trabajando en el municipio) y Banck cooperaría con la estructura de la ciudad (empezando por su propia burocracia) para respaldar la candidatura de Lalo para sucederlo.

La versión tomó fuerza por dos razones:

  1. La misma lógica señala que Banck debería de continuar con la decisión que tomó Rafael Moreno Valle para convertir a Lalo en el candidato a la presidencia municipal de Puebla, y así cumplir con su principal propósito: sumar votos a la campaña de su esposa Martha Erika a la gubernatura, terminando así (al menos, por el momento) con el fuego amigo entre yunquistas y morenovallistas.
  2. Según la lista de regidores que propone Rivera, se puede comprobar la reciente incorporación de gente cercana a Banck, tal es el caso de Alejandro Cortés Carrasco, secretario de Desarrollo Social, quien solicitó licencia para incorporarse a la campaña del PAN.

Sin embargo, este pacto de caballeros se rompió.

O mejor dicho: nunca se concretó.

Las recientes declaraciones públicas de Lalo Rivera no dejaron nada a la imaginación: en su mensaje del 1 de mayo, no tuvo empacho en reconocer públicamente que “el ayuntamiento” (no pudo llamar a Banck por su nombre) está intimidando a los trabajadores de la comuna para no apoyar su candidatura, y por el contrario, voten por Gonzalo Juárez Méndez, aspirante a la presidencia municipal de Compromiso por Puebla y secretario del sindicato del Ayuntamiento con licencia.

Tras sostener un encuentro con agremiados del Sindicato Único de Trabajadores la Industria de la Carne, Similares y Conexos de la República Mexicana adheridos a la CTM, Rivera Pérez pidió a los trabajadores evitar el “voto corporativo” y elegir libremente al próximo alcalde.

Y Eduardo Rivera, al menos esta vez, no miente.

La orden (que baja un jefe, y este jefe se escuda en que se lo ordenó su jefe, y así sucesivamente) para los trabajadores de la comuna es que cada uno invite a 5 amigos o familiares a votar por Gonzalo Juárez.

La indicación no es novedad, sobre todo porque desde hace dos años los propios trabajadores han cooperado con alimentos de la canasta básica, cobijas o suéteres, juguetes, en fin, para ser repartidos en las colonias más desprotegidas de la ciudad, con la sentencia que es una ayuda de Gonzalo Juárez.

No del ayuntamiento de Puebla.

No de Luis Banck.

No del PAN.

Es por eso que se presume que Gonzalo Juárez ya traía en la cabeza su postulación a la alcaldía, situación que abonó el propio edil Luis Banck al apoyar al líder sindical con el aumento salarial del 4%, además de apoyos extraordinarios en transporte, útiles escolares, incentivos para el día del Padre, el Día de la Madre, y la construcción de una guardería con una inversión de 20 millones de pesos.

En ese acto protocolario concertado en el patio del Palacio Municipal, Banck abrazó, felicitó y enarboló los méritos de Gonzalo Juárez, al grito unánime de “Gonzalo presidente” por parte de los más de 500 trabajadores que atestaron el lugar.

El cálido abrazo del oso entre Banck y Gonzalo fue elocuente.

Por eso ahora Eduardo Rivera se queja, refunfuña y señala el delito.

Lo grita.

Lo publica.

Ante el más absoluto silencio indiferente de Luis Banck.

Por tanto, y a juzgar por los acontecimientos, no nos extrañemos que “bajen” a Alejandro Cortés de la lista de regidores de Eduardo Rivera.

Mientras, los trabajadores del ayuntamiento siguen en lo suyo: votar por su amado líder sindical (con licencia) Gonzalo Juárez.

Y nadie tiene duda de eso.

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