Manuel Díaz Cid: “Tú sabes que nos vamos a volver a ver”

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El politólogo, Fidencio Aguilar, aseveró que AMLO no dejará que su triunfo se vea empañado por la impugnación en Puebla, es más eso que un supuesto acuerdo con RMV.El politólogo, Fidencio Aguilar, aseveró que AMLO no dejará que su triunfo se vea empañado por la impugnación en Puebla, es más eso que un supuesto acuerdo con RMV.

La columna de Fidencio Aguilar Víquez

Algunos ejes de su trabajo intelectual. El reto de continuar su obra.

Difícil es resumir en una sola palabra la vida y la obra de un hombre como don Manuel Díaz Cid. Su viuda, doña Maru, sin duda, diría que ha sido, ante todo, esposo. Sus hijos e hijas dirían que sobre todo fue padre. Sus amistades de antaño dirán que es, encima de todo, simplemente Manuel. Sus alumnos, claro está, señalarán que ante todo fue maestro. Muchos más que lo escucharon o tuvieron alguna referencia de él quizá digan solamente que fue un hombre culto. Otros pocos, a quienes abrió el trato íntimo, señalarían que fue el amigo. Y todos tendrían razón. Es inevitable el panegírico porque todo eso fue don Manuel.

A todos los que acudieron con él a lo largo de su vida o en algún momento de ella para pedir consejo, para solicitar alguna información o ayuda, les brindó no sólo lo que solicitaban sino esa capacidad especial de acogerlos en la memoria o en el corazón. Fue un hombre en cuyo corazón cupimos todos. Su trato humano, gentil, más allá de la formalidad del catedrático, del investigador o del analista, lo dejaba ver para aquellos que se atrevían a mirar un poco más de la clase, la conferencia o el análisis. Fue, en suma, un corazón abierto.

Aunque fue todo lo que se pueda decir, fue algo más, y será algo más si miramos con atención su espíritu inquieto, hondo, profundo, sacudidor. Su influencia no sólo se dio y se seguirá dando en el ámbito personal, sino que se dio y se seguirá dando en el ámbito de la época y de nuestro tiempo. Y para muestra un botón. Cuando apareció el tema del Yunque en el escenario mediático, fue el primero –o si alguien más lo hizo, de los primeros- en señalar directamente y a la cara: “Sí, yo fui, yo hice, yo organicé”. Quizá fue la primera sacudida que muchos no esperaban ni se imaginaban. ¿Que fue estrategia para atrapar atención? No lo sabemos, pero sí pudimos constatar que fue algo inédito. Nadie hablaba, como él lo hizo, de frente y directo. Cuando menos la primera vez. Pero eso sólo es un botón de muestra.

Lo relevante son los hitos que fue trazando a lo largo de su vida. Su lucha por la autonomía de la universidad pública, junto con muchos otros, si no es reconocida por las autoridades de aquélla, estarán negando parte de su historia y, sobre todo, faltarán a la verdad histórica si prevalecen los criterios ideológicos que en muchos casos llevaron al franco maniqueísmo: aquellos son los malos, nosotros somos los buenos. En los últimos años, su acercamiento a dialogar sobre aquellos tiempos y los que vendrán, dan muestra de que buscaba sinceramente esclarecer y esclarecerse a sí mismo este periodo importante en su vida y en su formación. Varios eventos donde estuvieron presentes él, Alfonso Vélez Pliego y Alfonso Yáñez Delgado muestran ese esfuerzo y actitud de reconocimiento y reconciliación. Ojala la BUAP lo reconozca como un estudiante destacado y le dé el lugar que merece en la historia de esa casa de estudios.

Ya he escrito en otro momento sobre su discurso del 29 de abril de 2017 y los destinatarios de su mensaje. De manera que pasaré a lo que considero, eran los ejes de su trabajo intelectual, no me refiero a los tópicos, sino al modo de hacer, a la forma de elaborarlos, a las disciplinas que generaba llevándolos a cabo. El trabajo de analista político era el más visible, el más atractivo y el que, sin duda, cautivaba a muchos por lo esclarecedor que resultaban sus análisis y, quizá, por el trasfondo que lograba descubrir: no sólo era capaz de decir lo que estaba pasando tras bambalinas, sino lo que iba a pasar en el acontecer inmediato y mediato a partir de la consideración del lenguaje de los políticos transferido a los medios de comunicación. Las constantes conferencias a lo largo y ancho del país, en diversos foros, muestran lo logrado de dichos análisis que fueron llenando horas y horas de audio que circulaban en medios empresariales y políticos. Tenía una gran intuición y una facilidad para inferir a partir de posturas políticas dichas en medios periodísticos lo que se estaba gestando como estrategias políticas y cómo se movían los grupos de poder. Desde las crisis políticas de 1994 en el país, y luego de la elección federal de 1997, fue de los primeros que anticipaba una alternancia para el 2000 a partir de la sacudida del régimen, el hartazgo de la gente, y la esperanza de un cambio.

En un par de ocasiones me pidió que lo llevara a Pachuca y a Toluca a sendas conferencias, una a profesores y estudiantes del Tec de Monterrrey y otra a organismos empresariales de la nuca del estado de México. Disfrutamos el trayecto en mi vochito blanco que daba batalla para todo, esas tres o cuatro horas de trayecto (fue mucho antes de que existiera la autopista a la capital hidalguense por ejemplo). En el viaje a la “Bella airosa” nos fuimos escuchando cánticos alemanes de compositores del siglo XIX, e iba explicando lo que significaban, el contexto y su paso por el Colegio Humboldt, su aprendizaje y gusto por el idioma teutónico. No sólo eso, sino que él mismo entonaba los cantos y recordaba historias y momentos. La formalidad era depuesta y aparecía era mirada de espíritu inquieto y rebelde, el movimiento de su cabeza, el tarareo y el tamborileo de sus dedos en la pequeña guantera del frente del asiento copiloto.

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