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El rector sin farándula

El rector sin farándula
Octubre 06
06:00 2016
  • Luego de una tradición de rectores allegados al ámbito político electoral, llega el proyecto de Alfonso Esparza Ortiz, más enfocado en el desarrollo de la institución académica y su crecimiento.

Arturo Cravioto

(Parte 4)

En esta última entrega analizaremos parte del contexto histórico de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), para hacernos un panorama general del momento por el que atraviesa.

Con el análisis del politólogo de la Universidad Popular Autónoma de Puebla (UPAEP), Alejandro Guillén, inició esta serie de entregas sobre la BUAP y su actual rector.

Al respecto, el especialista sentenció que la BUAP está viviendo una etapa de transición hacia una fase de autonomía, en la que a pesar de ser cercana al gobierno en turno, el alejamiento del rector de los intereses de partido, le han dado un margen amplio de acción para consolidarla.

 

De extensión del Estado a brazo de partido

El analista recordó que desde su declaratoria como universidad estatal en 1937, hasta la declaratoria de autonomía en 1956, el término sólo se quedó en el concepto, ya que como todas las instituciones públicas de aquella época, al final fungieron como extensiones del Estado.

Esta relación de sometimiento al gobierno colapsó entre las décadas de los años 60 y 70, cuando se marca el inicio de la llamada “transición” de la democracia mexicana.

Fue en esa etapa cuando las universidades en todo el país, se divorciaron del gobierno monolítico del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Prácticamente la crisis del desgaste del Estado monopartidista de corte nacional populista, se genera por la crítica de las instituciones públicas de educación superior hacia el sistema de poder vigente en ese entonces.

Ello derivó en luchas al interior de la BUAP, entre corrientes de izquierda y derecha, donde a la universidad se le acotó mediante el control presupuestal.

Era una universidad no sólo politizada, sino además ideologizada, por los cánones que marcaba la izquierda; éstos eran los ecos que permeaban a las universidades públicas en México. Nosotros veíamos a una universidad fuera de control, por lo menos en su parte estudiantil”, sentenció Guillén Reyes.

Sin embargo, este divorcio de rectores como Luis Rivera Terrazas, Alfonso Vélez Pliego y Samuel Malpica con el gobierno, se convertiría en un nuevo amasiato entre el Estado y la rectoría de la máxima casa de estudios poblana, cuando entre los años 80 y 90 llegan rectores más moderados y cercanos al PRI.

 

Tal es el caso de José Doger Corte y Enrique Doger Guerrero

Ambos personajes pudieron estabilizar la lucha política entre derecha e izquierda en la institución y reconciliar a la BUAP con los gobiernos federal y estatal, para lograr mayores recursos para el crecimiento de la institución.

Aquí empezó el crecimiento físico y en calidad certificada de la casa de estudios.

Sin embargo, hasta la administración de Enrique Agüera Ibáñez, el presupuesto e inversión de la institución dependía en gran parte de la relación del rector con el gobernador en turno, tal fue el caso de Enrique Doger con Melquiades Morales o de Enrique Agüera con Mario Marín.

Al final, ambos rectores dejaron el cargo a poco más de un año para terminar sus respectivas administraciones y competir por la presidencia municipal de Puebla, como candidatos del PRI.

La institución crecía, pero no así la autonomía.

El rector sin farándula

Es ahora con la llegada de Alfonso Esparza Ortiz que la BUAP, si bien mantiene una relación institucional con el gobierno del estado, está en posibilidades de proyectarse como una universidad autónoma, enfocada en su labor académica e incidir en la mejora de las condiciones de vida de la sociedad en la entidad de forma más contundente.

En este punto, el analista Alejandro Guillén dijo ver al rector Esparza “ya como una persona más dedicada a su universidad, a los asuntos administrativos y académicos y con un perfil bajo”.

Yo no lo veo con un interés de ir más allá de lo que es su rectoría, como sí lo vimos por ejemplo, con el caso de Enrique Doger y Enrique Agüera, quienes en el cargo dejaron entrever sus aspiraciones para algo más allá de ser rectores, para un puesto importante en la política local.

—¿Es un perfil sin la farándula del aparato mediático?

—Sí, yo lo veo con un perfil completamente distinto, alejado de todo eso de la farándula; lo que no veo distinto, desde la década de los 90 para acá, es el perfil de la universidad, cercana y apegada al gobierno para gestionar presupuestos para obras e infraestructura.

 

Inicia la lucha por permanencia o relevo

La BUAP ha crecido y se ha consolidado como una de las mejores universidades públicas del país, por el crecimiento de infraestructura, como por la certificación de calidad educativa, ante organismos externos evaluadores.

En ese contexto, va la apuesta por la consolidación y culminación del proyecto institucional del actual rector, quien en medios de comunicación locales, reconoció que buscará la reelección en la máxima casa de estudios para asentar lo logrado.

Algunos me van a criticar que me estoy adelantando, pero hay proyectos que nacen, los haces tuyos y te casas con ellos. La única forma es buscar otro periodo para poderlos concretar y seguir sentando las bases para un desarrollo importante”, dijo Esparza antes de rendir el penúltimo informe de la actual gestión.

Al respecto, el candidato a doctorado por la BUAP y catedrático de Ciencias Políticas de la UPAEP, Fidencio Aguilar Víquez, reconoció como “novedad” que el rector Esparza Ortiz no tenga aspiraciones político- electorales como sus antecesores.

Hay una novedad en la formulación de la actual universidad; si bien es cierto que hubo rectores que brincaron al escenario político, Alfonso Esparza parece tener la cautela de no caer en esa tradición”.

Por el contrario, Aguilar Víquez sentenció que el actual rector ha reinvertido sus bonos de credibilidad, incluso políticos en la propia universidad”.

Significaría que está enfocado en continuar sus proyectos inconclusos para concretarlos para un periodo más”.

En el contexto por la reelección del actual rector, donde desde 2005 no se ha dado un proceso de competencia y todos se han registrado por vía de la candidatura única y la posibilidad de que en 2017 surjan al menos dos figuras, Aguilar Víquez, señaló la importancia de la apertura para votaciones saludables y el fortalecimiento de la universidad.

Como en toda institución universitaria, esta tiene que abrirse a una competencia saludable, con pisos parejos, si es que hay otros aspirantes, para que puedan dar a conocer a la comunidad sus proyectos a futuro para el desarrollo de la Universidad; se deben permitir esos espacios para que se conozcan las propuestas en un sistema democrático interno”.

Esta apertura democrática, sentenció, “es el reto que tienen universidades contemporáneas en el país, además que van de la mano con su meta principal, “ofrecer horizontes esperanza, de vida profesional, trabajo, de sentido a la vida y económicas para los estudiantes”.

Foto: Google

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