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A Puebla, pan y circo

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  • Cartón: Alarcón/ Los partidos políticos y los candidatos privilegian lo popular sobre los proyectos o propuestas para llegar a la gente; no importa exponer a sus familias, prometer cosas fuera de sus atribuciones, e incluso ser humillados, todo se vale con tal de ganar.

Erick Almanza Ferrer

(Parte 1)

Estamos próximos a cumplir un mes de iniciadas las campañas para las elecciones federales, y a días de iniciar el proceso local, y a este tiempo los partidos políticos y los candidatos han evidenciado que poco importa el convencer al electorado a través de propuestas o proyectos que realmente puedan llevarse a cabo, la apuesta va sobre el acercarse a la gente con promesas poco realizables o ajenas a su área de competencia (en caso de ganar), por la vía popular, del entretenimiento, acercándose a personajes famosos e incluso sumándolos como propuestas políticas. El pragmatismo de esta elección llega a casos extremos que van desde exponer a sus familias para proyectar “su lado humano”, hasta acceder a ser exhibidos e incluso humillados públicamente.

Es conocida la frase “Al pueblo, pan y circo”, que se generó entre los gobernantes de la antigua Roma “panem et circenses” porque acostumbraban ofrecerlo al pueblo a cambio de obediencia, de su confianza; la aplicación es evidente para la realidad política actual.

Pongamos ejemplos concretos en el caso de quienes buscan la Presidencia de México. Andrés Manuel López Obrador ha sido un personaje con astucia suficiente para mantenerse como puntero en las preferencias electorales, sin embargo ello no es gratuito pues su campaña se ha basado también en el pragmatismo, negociando incluso con “la mafia del poder” y prometiendo cosas que no estarían en sus manos en caso de llegar a Los Pinos, como es el echar atrás la reforma educativa y la energética, lo cual corresponde al legislativo aún cuando la propuesta surgiera desde Presidencia.

AMLO ha sumado a sus filas a personajes populares que han demostrado poca capacidad para gobernar, como es el caso del exfutbolista Cuauhtémoc Blanco, a quien ahora impulsa para ser gobernador. En un caso más aldeano se observa en Puebla que impulsa como diputada a la conductora Nay Salvatori, polémica por comentarios agresivos como el realizado contra una mujer golpeada a quien exhibió al aire, o por videos en los que exige a las mujeres no amamantar en público porque “no quiere que su marido vea chichis de otra”.

En el caso de Ricardo Anaya, se ha hecho acompañar de personajes famosos como el exfutbolista Manuel Negrete y hasta el niño Yuawi, hoy famoso por el jingle del Movimiento Naranja (na,na,ra,nana). En un afán por protectarse cercano a la gente también se ha prestado a actuar como músico o con personajes de Star Wars; asimismo, en la misma línea, ha expuesto públicamente imágenes de su familia que lo proyecten como un hombre sensible.

El caso más icónico probablemente es el de José Antonio Meade, quien pareciera replicar el modelo del actual presidente de México, Enrique Peña Nieto, proyectándose como el payaso de las cachetadas, que en su afán de mostrarse cercano a la gente es exhibido e incluso ridiculizado. El candidato se compara a sí mismo con el personaje de caricatura Leon O de los Thundercats, por el problema de vitiligo que padece.

La cúspide de la humillación al propio candidato se dio cuando se equivocó en un discurso y dijo “resolvido” en vez de “resuelto” , ante ello su equipo lo hizo publicar una imagen de él mismo haciendo planas en las que corregía su error

(Continuará)

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