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Crónica – El día que la fe se desbordó en la tierra de los ángeles 

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La imagen del Niño Doctor de Tepeaca encabezó la peregrinación religiosa de este año

Jaime López

«Que ojalá estas fiestas de Pascua nos inviten a reflexionar, a ser mejores y a erradicar la violencia que tanto estamos viviendo», fueron parte de las palabras que el arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, brindó a los medios locales minutos previos del arranque de la procesión 2019 de Viernes Santo.

La nublada mañana con la que había amanecido la Angelópolis fue desplazada por el Astro Rey, el cual mostró su poderío a través de sus intensos rayos.

El alcalde de Tepeaca, Sergio Salomón Céspedes Peregrina, fue uno de los invitados de honor, pues la imagen del Niño Doctor de ese municipio encabezó la peregrinación religiosa de este año.

De ese modo, mujeres y hombres con alguna discapacidad  esperaron anisosos el paso de dicha imagen.

-¡Arriba de la banqueta, por favor!- ordenaron elementos de tránsito municipal a las personas curiosas que querían ver en primera fila la procesión en turno.

Los fotógrafos se treparon en las azoteas o los techos de los hoteles  tratando de capturar la mejor imagen para sus medios, mientras que algunos integrantes del peculiar desfile comieron naranjas y bolis para evitar la deshidratación.

Ahí también estaban las y los comerciantes de «papitas», botanas, raspados y hasta figuras religiosas, que gritaban sin cesar: «de a 10, son de a 10 los cuadritos».

Seis fueron en total las imágenes que desfilaron: la Virgen de los Dolores, la Virgen de la Soledad, Jesús Nazareno de las Tres Caídas, el Señor de las Maravillas, el Padre Jesús, y, el ya  mencionado, Niño Doctor de Tepeaca.

La peregrinación implicó una parada en la denominada «Villita», ubicada entre 11 y 13 sur, o contraesquina del reloj del «gallito». En este sitio, el jerarca católico de la entidad pronunció su segunda reflexión e invitó a los fieles a seguir orando.

Posteriormente, el contingente religioso regresó a la catedral, para que el arzobipo diera las indulgencias plenarias.

La celebración transcurrió, un año más de la manifestación masiva de la fe católica poblana, entre excesos de sudor, gritos y silencios.
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