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Crónica – Sí violo la ley, pero debo llevar dinero a casa: taxista

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El conductor refiere que ha tenido que caer en el servicio colectivo, levantando pasaje a bajo costo para tener ingresos, pues la pandemia ha hecho que no haya clientes

Jesús Peña

Taxista: ¿Vas para La Margarita? Te llevo por 10 pesos, súbete.

Así es como un taxista, cuyo nombre no revelaremos, va subiendo pasaje sobre el Circuito Juan Pablo II y lo hace de vuelta con dirección al Triángulo Las Ánimas.

Durante el recorrido, se le pregunta si sabe que por ley no puede dar el servicio colectivo, pues de ser detectado recibiría una sanción. Su respuesta fue clara y directa:

“Sí. Sé que no se puede y que estoy fuera de la ley, pero yo necesito llevar dinero a mi casa. Mi familia tiene que comer. Tengo esposa e hijos, no puedo quedarme parado o gastar gasolina dando vueltas hasta ver que alguien me pida el servicio”.

Vestido con una playera, pantalón de mezclilla y unas sandalias, lleva en su rostro un cubrebocas de tela y tiene una botellita de gel antibacterial, por si algún cliente quiere usarlo. Su hablar es rápido y se nota evidentemente angustiado por la situación económica.

NG: Pero si te detienen, vas a perder tu fuente de ingresos, al menos hasta que te regularices.

Taxista: Me la tengo que jugar. A ver, ¿quién va a alimentar a mi familia? ¿El gobierno? Por Dios, ellos no saben qué hacer con la pandemia, están rebasados. Primero le dijeron a la gente que no había problema, que saliera, luego que se quedaran en casa, luego que ya todo estaba normal, luego que no. Ni ellos saben.

Es una situación extraordinaria…

Así es (interrumpe). Y ante una situación extraordinaria, hay que tomar medidas extraordinarias. Además, yo no obligo a la gente a subirse, se sube quien quiera. Ofrezco el servicio por casi lo mismo que el autobús.

En los paraderos de cada esquina, donde la gente espera sus rutas, en especial el Perimetral o el Cree-Madero, el chofer prende sus intermitentes, se para brevemente y vuelve a preguntar: “¿Vas para La Margarita? Te llevo por 10 pesos, súbete”.

Lo dice ya con sonsonete, por la cantidad de veces que lo repite. La mayoría no acepta, simplemente le dicen “no” o incluso lo ignoran. Entonces arranca y vuelve a la conversación, de la cual no ha perdido el hilo.

“Ahora, ¿qué van a hacer nuestras autoridades? Nada, no pueden hacer nada. ¿Repartir despensas? Con eso se solventará, a quien le toque comerá unos días, pero nada más. A mí no me ha tocado, no sé si a usted ya, pero yo no”, dijo.

¿Y sí sale andar de taxis colectivo?

Pues algo sale, no más de lo que normalmente. Mire, un viaje en corto, por ejemplo, dentro de La Margarita, sale en 30 pesos, que ya es lo mínimo que estamos cobrando. Ahorita voy para allá y llevo con usted dos personas, que se suben, es decir llevo 20 pesos, pero vengo desde el Triángulo. Pero prefiero llegar con 20 pesos, que aventarme el trayecto sin nada.

Mira, ya ahorita lo que llevó…

(En ese momento saca de su pantalón 170 pesos -un billete de 100, otro de 50 y uno de 20-)

…Pero claro, traigo la morralla de lo que subido.

(Mientras lo dice, aprovechando el alto de un semáforo, saca una pequeña bolsa debajo de su asiento y la hace sonar, sin embargo, no es mucho)

¿Y hay más compañeros suyos que hacen lo mismo?

Sí, sé de alguno, pero yo no les digo nada. Aunque otro ya me amenazó.

¿Cómo te amenazó?

…En ese momento, el conductor vuelve a hacer la oferta para subir pasaje. Esta vez una señora acepta y se sube en los asientos traseros, lleva bolsas con su mandado y va hablando con su celular.

Es un taxista ya mayor, pero me dijo que le estaba robando el pasaje, que lo estaba afectando. Yo le pregunte: “¿Cómo puedes decir eso? Lo que pasa es que tú eres un huevón que se sienta a hacer base esperando que la gente venga a pedirte un servicio. Yo salgo a buscar a la gente. Si tú no lo haces es tu problema. Además, yo llevo en un trayecto a tres personas, de a 10 pesos, son 30 pesos, tú esperas las horas a un viaje igual de 30 pesos, pero en lo que tú esperas, yo ya voy por otro viaje”.

¿Y qué pasó?

Me dijo que un día me iban a cachar los de Tránsito, pero yo le dije que si me caían sabría que él les dijo y entonces yo le voy a romper su madre. Ahorita que llegue a La Margarita espero no verlo, porque fui a comer a la casa, me quité los zapatos y me salí con las sandalias, porque si quiere pleito voy a llevar desventaja.

¿Y el coche es tuyo o pagas cuenta?

Doy cuenta, aunque ahorita por lo del virus me están pidiendo menos, la mitad, pero había días en que casi no completaba, por eso le he buscado a esto del colectivo, así por lo menos no gastas la gasolina a lo pendejo mientras circulas por las calles.

Disculpe mi lenguaje, señora (le dice a la pasajera de atrás, que ya había terminado de hablar por teléfono. Ella, cordialmente le dice que no se preocupe, que está de acuerdo con lo que ha dicho).

Es que me encabrona lo que está pasando. Yo creo que todos estamos desesperados, ya no aguantamos. Si sales, te puede matar el virus; si no, te vas a morir en casa de hambre.

¿Y estás consciente del riesgo que es subir a personas que no se conocen?

Pues cuando te van a asaltar, te van a saltar. Por lo regular sólo se suben hombres, difícilmente se suben chavas. Pero te asaltan más en las combis o en los camiones.

Antes de llegar a La Margarita la conversación termina. El taxista se despide y antes de bajar ofrece gel antibacterial, también a la pasajera que había subido. Y así sigue su trayecto.

La competencia por el pasaje para transporte público en automóvil ha crecido exponencialmente en los últimos años, gracias a empresas como Uber, Cabify y Didi, en especial la primera que comenzó a operar en 2015.

En enero, el secretario de Movilidad y Transporte, Guillermo Aréchiga, informó que entre las tres firmas de taxi ejecutivo sumaban 27 mil 310 unidades, superando en 27 por ciento al taxi tradicional que tiene registrados 21 mil 500.

A ello, habría que sumar las unidades “pirata”, es decir las que son pintadas y que operan como taxis, pero sin el debido permiso. Todo ello hace que la disputa del pasaje, que en tiempos del coronavirus ha bajado, se vuelva más intensa.

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