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Crónica Urbana – Mi corrupción y yo

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El alcoholímetro, mi zona de negocio, aunque con un alto precio, el hedor de las noches sin freno. 

(crónica invitada)
Mayra Labastida

Siempre fuí corrupto, y me gusta y me vale lo que opinen de mi, así soy.
Esa noche me tocó guardia, soy oficial de tránsito y realmente me molesta estar en el alcoholímetro. Odio a los borrachos, me dan asco, yo no bebo, nunca me gustó, y trabajar en San Pedro Cholula me ha dado muchos dolores de cabeza, porque además de que más del 50 por ciento de los conductores que pasan están alcoholizados, te tienes que chutar los insultos de las familias de los detenidos. Y ni hablar de las mujeres, ellas nunca dan mordidas.

Hacía frío y comenzaba a llover, eran las 11 de la noche, no era tarde, antes empezábamos a las 12:30 pero ahorita está jodida la chamba y pues hay que morder desde temprano.

En esa noche yo había detenido a un par de conductores ebrios que además del aliento alcohólico tartamudeaban al hablar.

Muchos vehículos pasaron, hasta que la vi. Le pedí con una señal que se detuviera, y frenó rápidamente. Tenía unos ojos hermosos que pude ver pesar de la poca luz que había.

-Algo de bebidas alcohólicas hoy señorita?
-No oficial, nada.
-A ver, sópleme.
Esa es otra cosa que odio tener que hacer, oler los alientos de todas esas personas, que a veces huelen a cacahuates o a tacos con alcohol, o a veces a mal aliento con alcohol, en verdad me da asco.

Pero ella no me daba asco, se veía linda y muy segura de no haber tomado.

Sopló fuerte y entonces percibí un leve olor a fresa con un gran olor a ron. No soy experto conocedor de mujeres, pero estaba seguro que había bebido y que seguramente no era la primera vez que pasaba en ese estado.

-¡Ay oficial, qué pena!, acabo de comer una torta, usted disculpará.
Me retiré de la ventana pensando que obviamente era mentira lo que me decía.
-¿cuántas se tomó?
Agacha la mirada y rápidamente me dice
-¡Ay oficial, la verdad sí me tomé dos roncitos!.
-Por aliento alcohólico se queda detenido el vehículo solamente, paga la multa y se le devuelve su unidad, vaya a lado derecho.
El semblante le cambió de inmediato, estaba realmente asustada.
-No me haga esto oficial, por favor, no tengo ni para mocharme ya no traigo efectivo.
-Por favor a la derecha ( le insistí ).
Para ser honesto se veía bien, cuando al fin se estacionó me dijo:
-Mire mi cartera, no traigo nada oficial.
Y me muestra su cartera roja llena de tarjetas y tickets pero ningún billete.

No podía evitarlo, la chica realmente se veía tranquila pero obviamente estaba asustada, y yo ya lo dije, soy y seré corrupto siempre, era linda pero no podía evitar sacar un poquito de lana esa noche.
-¡Uy y ni traes nada, así cómo te ayudo! (le dije).
-Oficial ¿cómo le hacemos? Vivo a seis calles de aquí, déjeme ir por dinero, neta que me mocho. Mire le dejo mi licencia, mi credencial de elector y hasta mi celular y le juro por mis hijos que regreso con doscientos pesos.
⁃ No ¿cómo crees ? Mira paga tu multa y ya.
⁃ Y, ¿de cuánto es la multa oficial?
⁃ 4,500 pesos nomas.
⁃ No me diga eso, ni trabajo tengo, a eso fui, a ver un negocio y me quedé un rato pero todo me lo pagaron. No sea malo oficial, de verdad crea en mí, le juro por mis hijos que regreso y le doy lo que le dije.

Me dio un poco de lástima.
⁃ Quédate con tus cosas, ¡te creo!, vete pero regresas con 500, ¡eh!
⁃ ¡Va! Le prometo que regreso.
⁃ ¿Tienes palabra?
⁃ Tengo palabra.
Y arrancó el coche para irse.
Era una chica muy agradable, nunca me habló mal y me gustaba que me dijera oficial con tanto respeto. Por eso la dejé ir.
Mi comandante y mi compañero se dieron cuenta.
-¿No soltó? ¿Para qué la dejas ir?
-Ya que se vaya.
No pasaron ni veinte minutos cuando sobre la calle observó a una mujer que vestía con un atuendo deportivo. Ya no llevaba saco ni blusa azul. Se quedó quieta en la acera observandome.
Mi compañero de turno entonces me codeó y me dijo:
-¡ahí está la que dejaste ir, sí regresó!
De inmediato crucé la calle y me acerqué a ella.
-¡Sí regresó señorita!
-Sí, se lo juré por mis hijos oficial.
-«Tenga lo que le dije» y pone el dinero en mi mano.
-Pero son 200 pesos.
-Le dije que tenía palabra, pero no los 500.

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