Crónica urbana

Crónica urbana: Sueño de anarquía de una ‘Nails Queen’

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"A mí me gustaría salir con un narquillo, se me hacen tan interesantes", el sueño de anarquía de una nails Queen experta en el ‘beauty-nails’.

(crónica invitada)

Mayra Labastida

Amo las uñas postizas. Llevo años usándolas. Los colores, los diseños nuevos, las tendencias de moda, creo que es todo un arte. Cuando era pequeña me las mordía todo el tiempo, por nervios, por miedo, por desconocimiento o porque quizá nunca me han gustado las mías, en fin.

La chica que diseñaría mis uñas ese día tenía alrededor de 16 años, una jovencita linda en verdad.

– ¿No estudias? – pregunté mientras limaba mis uñas.

-No, no me gustó la escuela. A mí me gusta hacer esto y puedo ayudar a mi mamá. Pero el siguiente año me voy a ir a la prepa abierta.

– ¡Qué bueno, mija!, la verdad es que ahora es muy importante seguir estudiando, hay más chance para todo.

La música de banda sonaba en el establecimiento, mientras algunas clientas seguían esperando su turno.

– ¿Te gusta la banda? Me pregunta la chica.

-No la verdad no mucho, conozco algunas canciones, pero en general no me laten, hablan muy feo de la mujer.

– ¿A poco? ¿Tú crees? Me sigue preguntando, sin hablarme de usted, y se mantiene con la vista fija en la forma de mis uñas que sigue moldeando.
-Me parece que las letras denigran mucho a la mujer, hablan de desamor y ya quieren casi matarlas.

-Pues a mí sí me gustan! – continúa diciéndome mientras hacemos un intercambio de miradas y comienza a enlistarme una serie de grupos de banda y del norte que son de su agrado, después me pregunta el color que voy a querer en esta ocasión.

-Azul cielo por favor, ese color es tendencia.

-Pero ¿qué es lo que no te gusta de la banda? Me insiste la adolescente experta en el ‘beauty-nails’.

-No me molesta la música, me parece un género muy mexicano, propio de nuestras raíces y me gusta, es muy estridente y alegre, la pasas muy bien con ese género, pero además de que las letras no hablan tan bien de las mujeres, claro, no todas, tampoco me gustan las que hablan del narco. Se queda callada y sonríe de forma pícara.

-Pues fíjate que a mí sí me gustan esas canciones, de hecho, a mí me gustaría salir con un narquillo, se me hacen tan interesantes, cómo visten, lo que hacen, no sé, imagínate que se fije en mí, sería padre ser como Emma Coronel, ¿no crees?

⁃ ¿De verdad eso te parece? Le pregunto en un tono de angustia y extrañeza.

⁃ ¡Claro! Pero narcos de los pesados, de esos que te traen bien cuidada y te ponen casa y chofer y te dan todo.

⁃ ¡Sí, pero ese ‘todo’ incluye balazos, persecuciones y que no estés tranquila ni un solo momento!

⁃ Yo lo veo en las series, como que yo siento que sería así como la Reina del Sur, que anda en esos negocios, no me daría nada de miedo.

Me quedé callada pensando si realmente era cierto lo que me estaba diciendo, la observaba mientras me decía qué es lo que admiraba de esas personas y que recientemente su ex comenzaba a enfilarse en la venta de marihuana en la escuela donde habían ido.

Ella era tan bonita, tan alegre, tan segura de sus palabras, que no alcanzaba a comprender por qué buscaba a un hombre con esas características. Comparé sus gustos hacia los hombres con mi gusto por las uñas postizas: puedes cambiar de modelo constantemente, son parte de una moda (a ella le gustan las series del narco), en donde quiera hay lugares donde te colocan uñas postizas (donde quiera hay narco). Entonces pensé que realmente no era un gusto por el deseo de encontrar confianza o algún tipo de seguridad con esos hombres, sino que simplemente era parte de una moda a la que le gustaba pertenecer.

– ¿No te da miedo que te puedan matar? Le pregunté.

– ¡Pues sí! A quién le va a gustar morirse, pero aun así me gustaría saber qué se siente andar con alguien tan buscado y tan famoso.

⁃ ¿Sabes cómo mueren las novias de los narcos?

⁃ No me interesa saber cómo mueren, si voy a conocer cómo viven.

Dieciséis años y contestaba como mi abuela regañando a mi madre.

Me queda claro que tenía enfrente a una mujer con un espíritu aventurero y de grandes agallas, no creo que, de grandes aspiraciones, se necesita valor para querer estar en peligro todo el tiempo. No era una mujer valiente, no, claro que no, era más bien atrabancada, quizá por su edad, quizá por su desinterés y porque nunca lee ni las noticias amarillistas.

Ella no tiene miedo, lo noto en sus uñas intactas, limpias, lisas y uniformes. Se ríe de la vida a sus pocos años. Yo le doblo la edad y me sigo mordiendo las uñas cuando tengo miedo. Estoy segura que no se molesta cuando escucha ‘maldita puta antes de mí, tú no eras nada’. ¿Realmente el azul cielo es tendencia? O ¿soy igual de inmadura que mi joven estilista de uñas?

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