Crónica urbana

Crónicas Urbanas: Confesiones de un ‘sugar daddy’ en decadencia

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Un sexagenario aprovechó una partida de dominó para relatarle a su compañero algunas de sus aventuras como ‘sugar daddy’. Crónicas Urbanas.

Jaime López

Las fichas de dominó eran esparcidas por sus manos arrugadas, parsimoniosamente, sobre una de las mesas cercanas a la barra principal de la cafetería.

-Así es, ingeniero, al rato veo a esta chamaca- dijo el sugar daddy poblano con voz ronca y parca.

Por los pliegues en su rostro y las abundantes canas, podía intuirse que el soltero, más que maduro, rebasaba las seis décadas de existencia, es decir, también se había vuelto un aspirante idóneo a la ‘pejepensión’ por vejez promovido por el actual gobierno federal.

-¿Cuántos años tiene la susodicha, ‘ingeniero’?- le cuestionó su compañero de juego de mesa, quien lucía mucho más joven.

-Treinta, ‘ingeniero’ – respondió -. Ya sabe que si es más chica de esa edad, ya no le entro. Es que, aunque las chavitas de 25 o 27 son más manejables y se les puede sorprender con una comida en un buen restaurante, no tienen muchas cosas interesantes que platicar…

El diálogo de los jugadores de dominó era escuchado con cierto repudio por la joven que atendía la cafetería, a quien minutos antes el sugar daddy había intentado saludar con un beso en la mano.

Sin embargo, aquellos no se dieron cuenta de ese rechazo por estar ensimismados en su partida, así como en su viril plática.

-Se me hace que hoy la llevo a un bar, se lo ha ganado. Yo soy de la idea que si las mujeres quieren algo, se lo tienen que ganar- vociferó con cierto aire de arrogancia el ‘macho platinado’, cuyo comentario fue interrumpido por su interlocutor: – ¿Y qué le dice su hija?…

El ‘Jorge Negrete región 4’ prefirió dar un sorbo a su agua mineral antes de responder la pregunta de su cómplice de juergas, con quien se reunía seis veces a la semana, cinco para jugar dominó, una para recorrer los bares de la capital.

-Pues fíjese, ‘ingeniero’, que ahí la llevamos- se animó a contestar -Pero mientras yo no le digo nada de sus cosas, y ella no dice nada de las mías, llevamos la fiesta en paz

Un silencio incómodo se hizo presente por un instante, aunque acabó cuando uno de los jugadores en cuestión azotó varias de las fichas de dominó sobre la mesa.

-¿Cuántos puntos lleva, ‘ingeniero’? ¿29?-preguntó el más joven de los tertulianos…

-Sí- dijo el sugar daddy en decadencia, quien resaltó su mala suerte de ese día.

-Voy al baño, ‘ingeniero’, a tirar la salación.

La ausencia temporal del sexagenario fue aprovechada por su compañero de andanzas para hacerle una llamada a su familia

– Sí, ‘mija’, al rato llego, sigo acá con el ‘ingeniero’, porque me está contando algunas cosas sobre su hija. A lo mejor tardaré un poco más de lo que te dije…

Y no se equivocaba, la inflamada próstata del sugar daddy no tenía prisa.

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