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Crónicas Urbanas: El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hide 

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Ahora político, se viste de defensor de los derechos, en su vida tras reflectores un acosador… un patán cualquiera 

(crónica invitada)
Mayra Labastida
Todos los seres humanos, tal como los conocemos, son una mezcla del bien y del mal; Mientras que Edward Hyde era el único representante del mal puro en todo el ámbito del género humano”: Robert Louis Stevenson. 

Mientras bebo el obligado café de la mañana abro el periódico. Comienzo a leer:

“Noticias regionales: Regidor asegura no haber acosado a mujer en bar.
Luego de las acusaciones en su contra, el regidor de Patrimonio y Hacienda Pública Municipal, Juventino Velazquez, niega rotundamente algún encuentro con la mujer que lo acusa de acoso sexual y quien señaló que, el pasado viernes, el funcionario la empujó hacia la pared para poder besarla sin su consentimiento. El regidor aseguró que, a pesar de haber estado en el sitio que menciona la mujer, jamás tuvo interacción con ella. El funcionario recalcó que nunca buscaría ofender la integridad de cualquier  ciudadana y mucho menos intentar alguna acción que la hiciera sentirse acorralada, insegura, irritada, frágil y  asustada. En próximos días solicitará el acercamiento con la ciudadana para evitar especulaciones al respecto”.

Cierro el periódico, siento náusea, mi café ya no sabe igual.

Hasta aquí la primera parte de la historia, o tal vez última, no lo sé. 

Segunda parte
Los recuerdos de la universidad son los mejores. Vives siempre al máximo, es la oportunidad para conocer a muchas personas, no hay éxitos ni fracasos, todo es aprendizaje. Al menos yo lo recuerdo así. Pero cuando vas escarbando dentro de esos túneles de recuerdos y emociones tan llenas de euforia y felicidad, puedes volver a toparte con cominos escabrosos, que dejarán huellas para toda tu vida. Momentos que, si bien no tuvieron repercusiones drásticas, al menos son episodios que hubiéramos decidido no vivir.
Fue en un viaje a la playa, mis compañeros y yo viajamos tres días al Puerto de Acapulco como parte de nuestros planes para pasar las vacaciones. Teníamos el permiso de nuestros padres, unos ni permiso necesitaban. Habíamos trabajado para pagarnos un todo incluido, y teníamos lo más importante, juventud.
Pasamos los primeros días disfrutando de la playa, los paseos en “la banana”, el sol, las cervezas y la marihuana.
Cuando eres joven y no viajas con tus padres los límites simplemente no existen, la gran mayoría estuvo ebrio durante el viaje. El segundo día decidí no tomar tanto alcohol porque algo estaba mal en mi estomago y tuve que tomar antiácidos y antiespasmodicos  para quitarme el dolor. Qué lata enfermar del estomago mientras todos agarran la fiesta. Sin embargo, los acompañé al Baby’O, bailamos y estuvimos muy a gusto. Para las cuatro de la mañana y después de las desveladas previas, decidimos regresarnos al hotel.
Habíamos separado las habitaciones en una selección muy interesante, es decir, cuatro cuartos con nombres para la ubicación correcta:  dos cuartos eran el de las parejitas (te vuelves solidario con los que están en pleno romance), otro cuarto para las mujeres solteras y el cuarto de seguir la peda en el que también se quedaban los hombres solteros.
Moría de sueño y me fui a dormir al cuarto designado para las mujeres solteras, mientras los más enfiestados seguían la parranda en el pasillo del hotel.
Había dos camas matrimoniales en la habitación. En una estaba Naye, le pedí que se arrimara para poder dormir juntas y dejar la otra cama para las demás, pero entre sueños ella dijo que me durmiera sola. Así que sola me dormí.
Me despertaron los besos que sentía en la espalda y una mano desconocida que buscaba por todos lados de mi cuerpo algún tipo de aceptación.  Confieso que pensé qué tal vez sería mi ex novio quien iba con la bola y ya estaba muy pacheco, no había nadie más en quién mal pensar.
En segundos me sentí acorralada, insegura, irritada, frágil y verdaderamente asustada. Me volteé rápidamente tratando de identificar quién era. Lo empujé y me dijo “tranquila mija no pasa nada”. Estaba tan ebrio y yo tan enojada que pude tirarlo de la cama.
-¿qué te pasa imbécil?
⁃si ni te hice nada, qué te pones.
Se despertaron los que dormían y lo sacaron del cuarto.
Al otro día y a pesar de sus disculpas  tomé mis cosas, llamé a mis padres  y me regresé a casa.

Hace rato leía las noticias, el mismo tipo que buscó usurpar sin consentimiento para saciar su sed de macho, ahora es un político y es acusado por volver a agredir a una mujer. Como el caso de mr. Hyde, parecieran dos personas, la del mal en la vida privada y la que promete el bien en la vida pública.
Es tan cierto que la gente no cambia, en el interior siempre guardamos la pura esencia de nosotros, no sabía que ahora era regidor. A la chica que denuncia nunca la he visto, no la conozco, pero no lo necesito, hoy estoy segura que dice la verdad.
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