Crónica urbana

Crónicas urbanas: La cortina de humo

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La noche de este lunes fue la del ¡no manches! y su hermano espurio de barrio, el ¡no mames!, tras el rugir del volcán. Una entrega más de Crónicas Urbanas.

Erick Almanza

Escena 1

  • ¿Qué onda amiga, cómo vas?
  • Bien, amigaaaa, perdón que te moleste a esta hora pero quería comentarte del proyecto que traigo, a ver si te interesa
  • sí, claro, dime
  • pues fíjate que estoy en una asociación que… ¡¡¡no mames!!! ¿Está temblando? ¿qué fue eso?
  • creí que se había azotado en tu puerta tu perra (nota bene: «tu perra» , no «tú… perra»)
  • noooooouu, se cimbró todo, como si algo hubiera estallado
  • a ver, checo en redes (click click)… ¡¡¡estalló el Popo!!!
  • ¡no mames! con razón, ¿ya viste las fotos?, ¡qué miedo!
  • es que sí se oyó refeo, en serio creí que había sido tu perra
  • noooo, la cabrona sigue echada
  • igual el mío, están buenos para una emergencia
    (guau, guau)
  • ya cállate perro payaso, ¿ya para qué ladras?
  • bueno amiga, mejor platicamos mañana, voy a ver qué pex con esto del volcán, ¿vale?
  • vale… ciaoooo

Escena 2

  • ¿oye amor viste lo del Popo?
  • sí, lo estoy viendo
  • ¿y si sales a tomar fotos?, se ha de ver ahorita
  • ¿cómo crees? debe estar horrible con la ceniza, ahora sí, literal, es una cortina de humo
  • jajaja
  • !la ropa! la lavé y no la bajamos
  • ya ni modo
  • oye amor, ¿y ya viste el video?
  • sí, lo estoy viendo
  • ¡ashh! ya no te digo nada
    (se escucha a lo lejos una serie de voces)
  • ¡no manches, hizo erupción el Popo!… ¡no manches! ira cómo se ve…. ¡no manches!¡no manches!
  • jajaja, ya va una hora y apenas se acaba de dar cuenta
  • o igual y está sorprendido de que quedó Barbosa, jajaja.

Escena 3

La vida se desarrollaba con la cotidianidad de siempre, una noche serena con un poco de viento, la gente en su mayoría descansaba en su casa, algunos regresando de su jornada laboral, otros más aún con la modorra del puente vacacional patrocinado por la expropiación petrolera.

Un rugido rompió la escena, como una onda sonora que en cuestión de segundos recorrió la ciudad para callar el diálogo de todos. Puertas y ventanas se cimbraron mientras la gente quedó pasmada, como esperando a que lo siguiente fuera la carrera desesperada antes del colapso de alguna estructura, o temiendo escuchar el sonido de las trompetas del apocalipsis.

Eran las 21:38 horas, y tras el estruendo siguió el maquillaje del paisaje con carmín, el Popocatépetl arrojaba material incandescente a la par de una columna de humo que se alzaba en las alturas, majestuosa… imponente.

La gente tuvo miedo, pero la convivencia con el coloso, activo por 25 años, permitió que no llegara la histeria.

En el transcurso de la noche la situación regresó a la calma. El saldo: cero muertos, cero heridos, sólo la fuerza del coloso que se volvió a hacer sentir, para que la gente no olvide que la tierra vive y que tarde o temprano recupera lo que le corresponde.

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