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Crónicas urbanas: La oscuridad en el encierro

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(crónica invitada)

Mayra Labastida

Entrar al área psiquiátrica de un penal es muy parecido al temor que sientes viendo una película de terror. Los pasillos son callados y sombríos.

⁃ Alfredo Téllez, tiene llamado de trabajo social ( grita con voz abrupta el comandante que me acompaña).
El silencio permanece. Se abre la primera puerta. Mi deber es esperar a que saquen al interno.
⁃ ¿Cómo te amanece mi Téllez? Abajo la vista, pon atención a lo que te van a decir.
Con pasos cortos y una personalidad abúlica, caminó para ponerse frente a mí.
-Buenos días. Le digo y sonríe, asegurándome que en su celda no sale el sol.
-Buenos días señorita.
-Vengo a saludarlo y a presentarme.
-Pedí que me pasen a patio, ya llevo meses aquí y no puedo ver a mi familia. Quiero ver a mis hijos. Ya le pedí a la psiquiatra que me apoye pero me dijeron que en el consejo rechazaron mi petición.
-¿Quién le dijo eso ?
-La doc.

Me guardo mis palabras y las ganas de salir a poner una queja en dirección por la falta de ética del personal médico.
-Licenciada, la dejo un momento, me llaman en otro lado. Y sale corriendo el comandante, asegurándose de volver a cerrar todas las celdas a su paso.
-Oye… ayúdame, yo quiero ver a mis hijos, ya tengo como cuatro meses aquí encerrado, sólo tengo visita los jueves, 30 minutos. Mi hijo el grande quiere verme. Yo me tomo mis pastillas como me dijo la doctora, ¿qué más hay que hacer?

Suelta sus manos entrelazadas y su personalidad es diferente ahora. Como si ya no fuera tan pasivo, como si el momento que lo llevó hasta esta celda de castigo reviviera.
-Ya puedo pasar al patio, quiero trabajar. Ayúdame. Me dijeron que la pinche trabajadora social y el área laboral votaron en mi contra, no se vale.

-No está por cualquier cosa, señor Téllez. Se debe analizar su caso y usted tiene la obligación de hacer lo correspondiente en cada área de trabajo. A mí me parece que debe esperar y seguir con las actividades que se le señalan hasta que se le otorgue el permiso. Además, yo soy la titular de trabajo social y por eso vine a verlo ¿cómo ve?
⁃ Así que ¿tú eres la trabajadora social? Pues yo lo veo bien pinche mal Lic. Se toma del cuello y comienza a mover la rodilla en una forma de desesperación.
Recuerdo que es lo más estúpido y peligroso que he dicho hasta el momento.

Téllez guarda silencio y levanta la vista para fijar su mirada en mí. El interno podía leer la inexperiencia en mi área. Con veinticuatro años y sólo un día como titular de trabajo social, le aseguraba al interno, quien además era reingreso del penal del centro, que me faltaban muchos días para aprender a tener un encuentro con cualquiera de ellos.
⁃ Yo pensé que eras de servicio social, te ves bien chavita.
Volteo para buscar al comandante que me acompañaba. Aún no regresa.
⁃ ¿Por qué me negaron el permiso licenciada?, con mucho respeto pero ¡Qué poca madre tiene! Y me mira con desdeño y coraje, como si mis decisiones fueran el motivo de su encierro.
Su tono me da miedo. Pero saco fuerzas para asegurarle mi temple.
⁃ Baje la mirada, las manos atrás y me va hablando con respeto señor Téllez.
Me hace caso y regresa a su posición original.
⁃ le repito que por eso vine a saludarlo y a presentarme, porque también creo que su familia tiene derecho a verlo, lo que usted haya hecho no desmerece el amor de su familia. Yo quiero ayudarlo, pero tampoco va a hacer lo que quiera. Nadie debió decirle nada porque usted no debe saber lo que acordamos. Así que le pido que comience por no hacer juicios sin saber lo que le conviene.
⁃ Pero yo hago mis tareas. Y vuelve a levantar la mirada, nuevamente desenreda sus manos y me señala su dormitorio. Venga licenciada, le enseño mis trabajos. Mire, están adentro de mi celda. Ahora parece un animalito desprotegido que busca consuelo.
Nunca escuché tan armonioso el sonido de las rejas que se abrían, el comandante estaba de vuelta.
– Téllez, ¡las manos atrás cabrón! Sabes que no puedes estar fuera de esa posición.

Había regresado el comandante y con él mi aliento y las ganas de seguir viva.
⁃ Licenciada voy a echarle ganas, para que me den permiso. Me asegura el interno con la vista puesta en el suelo.
⁃ No necesita otra cosa licenciada.
⁃ No
⁃ Cuídese señor Téllez, estaré pendiente de usted.
Las piernas me temblaron todo el día. Téllez llevaba cuatro meses en él área de enfermos psiquiátricos, diagnosticado con esquizofrenia y tratado médicamente para evitar su abstinencia al cemento y a los solventes. Estaba de reingreso en el penal regional. Las causas: se enamoró de la trabajadora social, quien le ayudó a pagar parte de su fianza por lesiones propinadas a su ex esposa a quien intentó matar cuando se casaba con otro. El romance entre el interno y la servidora pública duró poco. Los celos de Alfredo la mataron de 45 puñaladas.
Se me asignaron dos custodios para vigilarme luego del incidente. No creo que Alfredo pueda ver a sus hijos por un buen rato.

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