Crónica urbana

Crónicas urbanas : Lecciones para mitigar la fiebre

0

Mayra Labastida 

La fiebre aumentaba conforme pasaba la madrugada. A su corta edad había tenido una convulsión febril unos meses atrás, lo que ponía nerviosos a sus padres.

Las recomendaciones médicas eran las de siempre: cinco mililitros de ibuprofeno por los diez kilos de peso al menor de dos años, fomentos de agua fría y atención especial para así evitar el aumento de la temperatura.

Por un descuido de la madre la última botella del medicamento se había regado en el cajón donde se guardaban las medicinas, la tapa había sido mal abierta desde el principio y la prueba era un charco de medicamento con un par de hormigas muertas por el gusto de tomar jarabe de uva.

A pesar del frío y la humedad de la lluvia, el padre del menor se colocó ropa sobre la pijama para salir a conseguir el medicamento del pequeño en la primera farmacia que pudieran atenderle, mientras la madre daba cuidados caseros al menor.

Cuando llegó a la droguería vio a la distancia un señor de aproximadamente 75 años que solicitaba algo al vendedor que lo atendía desde una pequeña ventana.

Mientras más se acercaba notó que el anciano le mostraba un reloj y le solicitaba se lo aceptara para poder completar el costo de su medicamento.

La negativa del vendedor era inminente, mientras le pedía que se alejara del lugar para poder atender al próximo cliente.

Entonces, sin dudarlo, el anciano hizo la misma oferta al padre del menor enfermo en casa.

-Señor, buenas noches, mire tengo un reloj de pulsera ¿no le interesa? Es de mujer, está bien bonito. Es para comprar mi medicamento. Deme 50 pesos que es lo que me hace falta.

-Ahorita no me interesa, pero déjeme ver si me alcanza y le doy lo que necesita-.

Mientras le respondía la segunda negativa de la noche, observaba el físico del anciano, quien al hablar dejaba ver los huecos en su boca por la falta de dientes. Probablemente era diabético, usaba lentes de fondo de botella y un gorro de lana cubierto con un plástico que le impedía mojarse. Una chamarra vieja y húmeda por la ligera llovizna de la noche, motivo que lo hizo llenarse de una profunda ternura y ganas de ayudarlo.

Realmente debía sentirse mal para salir a las 3:30 de la mañana a conseguir el remedio a sus males.

Cuando el cajero por fin le entregó el cambio al padre de familia, supo que podría darle la cantidad solicitada al anciano.

-Joven ¿entonces no se anima por el reloj? -.
-No se preocupe tenga usted-. Entregándole el dinero que necesitaba.
-Muchas gracias señor se lo agradezco-.

Antes de subir a su auto para llevarle la medicina a su hijo que ardía en fiebre, observó desde su puerta que el anciano fuera atendido por el cajero y le entregaran lo que pedía.

En su interior se sentía contento de haber encontrado al hombre de la tercera edad y poderlo ayudar. Quizá también se quedó para asegurarse de que la historia contada fuera cierta.

-Ya completé joven, ¿ahora sí me da el Sindenafil que le pedí por favor?-.

Entonces el cajero levantó la mirada a lo lejos para chocar con la vista del anterior cliente… ambos se rieron disimuladamente.

Cuando por fin se subió a su carro, vio que el anciano se retiraba del lugar en su bicicleta mientas sujetaba la bolsa que guardaba tan anhelado medicamento, entonces pensó:

“Sin lugar a dudas esta noche ayudaré a sanar dos tipos de calentura humana”.

Compartir ahora

#LosConjurados – Alcantara ayudaría mucho al PAN si reconociera su derrota: Olmos

Entrada anterior

Los rituales del caos : Cárdenas va por la alcaldía y busca partido

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Deja un comentario