Crónica urbana

Crónicas urbanas – los hijos de la caja de hierro

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‘Me quedé sin palabras, sola otra vez, embarazada y sin nadie que venga a verme. Quizá no tenga suerte con los hijos, aunque pueda tenerlos, siempre pienso en el karma’

(crónica invitada)

Mayra Labastida

Pasaban las horas y el infierno se hacía más grande esperando afuera de la oficina del director. Ya estaba sentenciada por algunas cosas que había hecho en la semana. Escupí en la comida de mi compañera de celda, descolgué la ropa de algunas para poner la mía en el área común, no respondí al llamado de la custodia, y la enfermera me encontró una carta para Fernando cuando pedí ir al consultorio por un dolor intenso en mi vientre, la pasante me iba a ayudar a llevársela.

Era mi segunda relación seria en el penal, en la primera me había casado y tuvimos una hija que nació aquí, se llamaba Emma. Pero cuando él salió después de 5 años por robo a casa habitación, se quedó con ella y nunca la trajeron ni él ni sus familiares.

No he vuelto a verla ni a saber de ella. Yo ya tengo hijos más grandes Elías de 15 y Mateo de 6, pero tampoco vienen a verme porque viven lejos. Se los llevó mi madre. A mí me falta mucho para salir me dieron 25.
Uno de estos días malos, porque aquí todos los días son peores, vi a Fernando en locutorios, mientras hablaba con el abogado de oficio que le asignaron. Hace tiempo cuando estaba casada y por buen comportamiento el Consejo Técnico me dió permiso de vender dulces y cigarros, así es como me pude acercar a él y comencé a saludarlo.

No podíamos platicar, aquí todo es por medio de cartas que las custodias o los pasantes nos ayudan a llevar.

Me enamoré en cuatro meses de escribirnos y fue increíble la forma en que pude sentir su presencia. A pesar de que es reincidente por portación de arma y asociación delictuosa, es un hombre muy gentil conmigo, lo trasladaron de Tepexi para Cholula por su proceso, y todo este tiempo, a pesar de sentirme encerrada, cuando lo leía me sentía libre por algunos momentos. Si gestionaba la visita íntima a trabajo social nuestros encuentros serían mejores, no necesitábamos estar casados, sólo buen comportamiento y acudir a la escuela, una amiga me ayudaría a sacar el acta de concubinato para el permiso.

Así que me empecé a interesar en las clases de historia de la maestra Diana: “Más de un millón de niños judíos fueron asesinados en el holocausto” dijo una vez cuando estudiábamos la Segunda Guerra Mundial. Fue como un shock para mí, ¿cómo pudieron matar a tantos inocentes? no soportaba la idea de perder a mis hijos, aunque no los viera tenía la esperanza de que un día volvieran, ya había perdido una hija y odiaba no poder ayudar a mi madre a traerlos aquí, vender dulces sólo me dejaba para gastos persónales y algunos favores especiales aquí, para “vivir menos peor”.

Era obvio que además de mi intención de tener visita íntima con Fernando, las clases de historia me hacían mejor persona, antes nada me interesaba y ahora comenzaba a sentir un poco de tranquilidad en esta prisión.

Luego de dos meses de comprometerme con la escuela y buen comportamiento de ambos obtuvimos el permiso de la trabajadora social, y finalmente Fernando y yo conseguimos estar solos.

Eran tan breves los momentos junto a él o quizá se hacían breves por las ganas de verlo. Así estuvimos otro par de meses más. Dos veces tuve que llamar al área médica por la irregularidad de mi periodo.

Y eso fue lo que al médico del penal lo hizo proponer que me pusieran obligadamente el DIU. ¿cómo? ¿Porqué deciden por mi ? Al final ellos no determinan qué quiero y si Fernando y yo queremos tener mas hijos ¿qué tiene? La familia de él los puede cuidar, aún me faltan 7 años, ya no es mucho. Además siento que esta vez no va a pasar lo mismo, si tuviera un bebé no me lo quitaría.

Así que me decidí, mientras todas estaban durmiendo, bajé de mi cama con cuidado de que no me escucharan, para poder ir sola al baño.

Me baje los pantalones con los que duermo y la ropa interior y me metí la mano en la vagina para poder alcanzar los hilos del dispositivo.

Batallé mucho y hasta comenzó a dolerme la muñeca, pero mi índice logró tocarlos, pude sentirlos, afilados y haciéndome señas para tomarlos. Como pude logre sostenerlos con mis uñas y les di un jalón. Se chisparon mis dedos. Saque la mano para mover la muñeca que estaba tensa. Volví a introducirla esta vez con la certeza de que los podría tomar porque ya estaban bien ubicados. Los sentí y entonces volvía a tirar de ellos. Con el desprendimiento del dispositivo sentí que algo dentro se rompía, pero no hubo sangrado ni muchas molestias. Lo vi con una media luz que entraba de la ventana y me asegure de tirarlo al baño. 

En dos semanas quedé embarazada. Lo sabía, como cuando lo estuve con mis otros tres hijos. Yo estaba completamente emocionada, un bebé más en mi vida, me impactaba saber que podía seguir dando vida a pesar de mi encierro.

Por eso las últimas semanas me había sentido cansada y un tanto agresiva, así que se me hizo fácil escupir la comida por una discusión mínima con mi compañera, ocupar un lugar que no era mío e ignorar a la custodia. Por eso pedí ver al área médica, porque me dolía mi estómago y además aprovecharía el envío de la carta a Fernando para darle la noticia. Además tenía sólo un pensamiento, esta vez no permitiría que me quitaran al bebé tan rápido. A Emma me la quitaron a los 3 meses.
Por eso estoy aquí esperando al director y la respuesta del consejo técnico para saber qué voy a hacer con mi embarazo.

-Matilde
-Dígame señor director.
-No entiendo tu afán de tener hijos para no verlos. Pero es tu vida. Te informo que solicité el traslado de Fernando a San Miguel porque ayer le encontramos unas puntas de tallado de madera en su dormitorio, y estamos pensando que quería agredir a alguien. Así que se lo llevan mañana temprano. El consejo determinó que sigas con tu embarazo y que llames a tu familia para que tengan conocimiento.

Me quedé sin palabras, sola otra vez, embarazada y sin nadie que venga a verme.

Quizá no tenga suerte con los hijos, aunque pueda tenerlos.

Siempre pienso en el karma. Me dieron 25 años por ser cómplice de secuestro de dos niños que murieron de frío en la camioneta donde acordamos dejarlos. Murieron como los niños del Holocausto, inocentes. Yo no los maté. Fue el frío de la noche.

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