Crónica urbana

Crónicas Urbanas: Secxy-lia y el secreto a voces

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Una fonda se convirtió en el centro de confesiones de un elemento de seguridad pública. La entrega de crónicas urbanas de este día. 

Jaime López

Su estómago abultado era aplastado por la esquina de la mesa como si se tratara de una gelatina presionada por un cubierto. Su uniforme delataba la profesión del voluminoso sujeto: elemento de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), quien estaba consumiendo sus sagrados alimentos en compañía de sus colegas.

Mientras esperaba el primer tiempo, comentó en voz alta el juego de palabras que le había inspirado el nombre del establecimiento en el que se encontraba:

-«Fonda Secxy-lia» debería de llamarse, en lugar de Cecilia- dijo, lo cual acompañó con una evidente mueca de travesura.

-¿Ya vio, comandante?- le preguntó uno de sus acompañantes mientras pasaba los dedos por un celular Android -Que dizque dice el del PAN que si «El Grillo» está con Armenta, eso es prueba de que Morena provocó la violencia de la elección…

El regordete comandante soltó una carcajada burlona por ese comentario.

-¡Que no chingue, cabrón!- sentenció con un tono socarrón

Antes de seguir hablando, el oficial de la SSP miró a su alrededor con cierta paranoia, bajó el volumen de su voz y respiró hondo:

-A nosotros nos llegó la orden de arriba que nos acuarteláramos desde el jueves, antes de las votaciones…

Los demás uniformados se quedaron viendo a su superior, sus rostros tenían sonrisas forzadas.

Antes de que el comandante «soltará más la sopa», como se dice coloquialmente, interrumpió la confesión la dueña de la fonda, quien llegó a la mesa para servir la sopa de moñito que los elementos de seguridad habían solicitado con ansias.

-A este «güey» le están indalgando ese cabrón, porque se lo quieren chingar, pero de que hubo orden de arriba ese día, la hubo- señaló después de que la famosa «Secxy-lia» regresó a la cocina, para verificar cuáles eran los siguientes platillos que serviría.

La sopa resultó ser una efectiva mordaza para el oficial indiscreto. Uno de sus compañeros quedó ávido de más información.

-¿Y qué sabe de los compas que surtieron de juguetes a «El Grillo»?

En ese momento, el comandante pasó con dificultad la comida, soltó la cuchara, aclaró la garganta, y sin darle importancia a sus más de 100 kilos, se levantó como de rayo

-¿Si nos las pones para llevar, «Secxy»? Tenemos que irnos… 

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