Los rituales del caos: Melquiades, el nuevo líder del morenovallismo

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Melquiades Morales Fores, exgobernador y actual embajador en Costa Rica, fue padrino político del hoy finado Rafael Moreno Valle, a quien dio cobijo y el poder para manejar las finanzas del Estado

Los rituales del caos, columna de Erick Almanza

La muerte de Rafael Moreno Valle Rosas y Martha Erika Alonso Hidalgo, dejó en la orfandad a muchos cuadros leales al hoy finado exgobernador de Puebla.

Los morenovallistas en el PAN funcionaban como lo hace el priismo, es decir, de forma institucional… lo que el líder mandaba todos lo acataban, nadie sabe si por admiración, temor, respeto o simple interés.

Por años funcionó, pues Moreno Valle, a pesar de lo polémico de sus métodos, era un líder que sabía controlar al rebaño. El problema del esquema fue que nunca hubo heredero al trono y al depender de un solo personaje, la estabilidad del equipo era endeble.

Así, tras la muerte del otrora mandatario, los cuadros del morenovallismo comenzaron a polarizarse en cuestión de días, máxime ante la tentación de acceder al poder por cuenta propia, pues las promesas que recibieron evidentemente no podrían cumplirse.

Pero entonces apareció una mano que empezó a poner orden y a tomar el mando para que el grupo no se fragmentara. Lo sui géneris es que no se trata de un personaje surgido del panismo, ni siquiera milita ahí.

Se trata de Melquiades Morales Fores, exgobernador y actual embajador en Costa Rica, pero principalmente, padrino político del hoy finado Rafael Moreno Valle, a quien dio cobijo y poder para manejar las finanzas del Estado, colocándolo como secretario de Finanza, desde donde tejió el llamado hoyo financiero, que se resume al resultado deficitario en el manejo de los ingresos y egresos del gobierno del estado y el ocultamiento de pasivos no registrados entre los años de 1999 y 2002.

Melquiades condujo a Moreno Valle al poder legislativo federal y al local, en donde fue presidente de la extinta Gran Comisión. Sin embargo, no lo impulsó para ser gobernador de Puebla, lo que propició que el hoy finado emigrara a las filas del albiazul, con lo que parecía una ruptura.

No obstante, tal divorcio en la realidad nunca se dio. Por el contrario, Melquiades colocó a muchos de sus cuadros en el poder, con el aval del “góber bala”, entre ellos a su hijo Fernando Morales.

Ante la ausencia de Moreno Valle, Melquiades tomó el mando y se encargó de reagrupar a los morenovallistas, pues el dejar el poder no es un lujo que se puedan dar.

Los morenovallistas ahora enfrentan una situación complicada, pues la ultraderecha conservadora trata de recuperar su partido, el PAN, y de ser posible, llegar a encabezar el poder ejecutivo local.

Pero además de ello se enfrentan a Andrés Manuel López Obrador y a su Movimiento de Regeneración Nacional, que, pese a los errores presidenciales y decisiones polémicas, mantienen un alto bono democrático y credibilidad que se piensa usar para obtener el control de Puebla.

Melquiades no cambiará de afiliación política, ni le interesa el protagonismo para mostrar públicamente la recuperación de la hegemonía a su cargo, seguirá con un bajo perfil, pero tras el mismo, seguirá la labor tiránica de reconstruir y realinear a las huestes de su ahijado pues los dinosaurios en la política no están dispuestos a extinguirse.

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