Crónica urbana

CRÓNICA – Entre «preciosas» presencias y «guerreras» ausencias

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La toma de protesta de Jiménez Merino, marcó el regreso de la era jurásica, del viejo priismo que lucha por permanecer.

Jaime López

Fue el momento de los sugar daddy de la política, que tras proyectar una imagen lamentable al cumplir 90 años, se saturaron de anabólicos para volver a mostrar músculo, como aquel de los años mozos cuando ostentaban todo el poder.

Llegó la toma de protesta de su abanderado a la gubernatura, Alberto Jiménez Merino, el cual marcó el regreso (¿triunfal?) del exmandatario tricolor, Mario Marín Torres, «el góber precioso», el héroe de la política que, irónicamente provocó la debacle priista en la entidad. Aquel cuyos yerros permitieron el arribo del morenovallismo.

El exgobernante evadió las preguntas de la prensa todo el tiempo que duró la toma de protesta de su «amigo», el extitular de la Conagua Puebla.

A lo que no se negó fue a tomarse fotografías o selfies con sus admiradores (aunque se dude de la existencia de éstos).

En el acto protocolario, Marín Torres ocupó las primeras filas, sentándose junto a otros exgobernadores de la entidad: Melquiades Morales Flores y Guillermo Jiménez Morales, el jurasic power.

El auditorio donde se realizó el evento en turno estaba abarrotado, pero ésto se logró, en menor o mayor medida, al acarreo, las tradiciones nunca mueren.

La presencia de quien en 2006 fue acusado de abuso de poder y encubrimiento de pederastia, hizo olvidar por momentos la ausencia de Enrique Doger, que cumplió lo que anunció días antes: no sumarse a la candidatura de su correligionario.

Así, el exrector de la BUAP, uno de los priistas más reconocidos de Puebla, no formó parte de la levantada de mano al actual aspirante tricolor para llegar a Casa Puebla.

Los que sí se sumaron y demostraron su lealtad fueron Lorenzo Rivera y Ricardo Urzúa.

De ahí en adelante, el acto fue una mezcla de discursos repletos de halagos hacia el perfil del abanderado tricolor, así como de recordartorios de que el longevo instituto político sigue respirando, con fortaleza, y que tiene posibilidades de registrar un buen desempeño en los comicios vendieros.

En su turno, Jiménez Merino se autonombró el candidato de la militancia priista, mismo que había sido recompensado por su lealtad. Igualmente, recordó sus orígenes humildes y su compromiso con los sectores vulnerables de la entidad.

Sin pudor, se pronunció en contra de las «propuestas de ocurrencias» (en una clara alusión al actual gobierno federal) y de las obras majestuosas. En este sentido, resaltó que los gobiernos del PAN se olvidaron de los campesinos.

De ese modo transcurrió la unción del nuevo primer priista de la entidad, un hombre de campo poco conocido entre la población capitalina, que busca revertir los enormes negativos que carga el tricolor, y busca hacerlo con la sombra de Marín Torres detrás suyo…Los ecos de las últimas porras sonaron discretamente.

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