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Entre sismo y coronavirus, las batallas se ganan día a día

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Ray es optimista, sabe que no se debe dejar nada para después. Llegar a esa reflexión no fue fácil, perdió su casa en 2017 con el temblor, se ha endeudado por ello, se quedó sin un trabajo con la crisis sanitaria y cayó en depresión. Su historia, como él lo dice, es la de un afortunado

Jesús Peña

La vida cambia a cada segundo, en cada decisión, por mínima que sea.

Ray estaba en su casa, disfrutando de un día de vacaciones, tenía varias cosas que hacer, pero no quería salir de la cama. La casa se vendría abajo, una pérdida total. Ray habría muerto.

A unos kilómetros de distancia, su novia saldría del trabajo. Lo esperaría en el lugar de siempre, junto donde el adorno de un edificio se desprendió y habría de morir aplastada.

Ellos están bien, siguen vivos y más enamorados. Él decidió salir de la cama, ir por ella. El temblor del martes 19 de septiembre de 2017 lo vivieron en las calles de Atlixco, mientras que la casa en Metepec caía, colapsaba sin aplastar a alguien.

“Yo creo que existen las casualidades. En las oficinas donde trabajaba ella murieron dos personas. Fueron minutos que hicieron la diferencia. Puede quedarme en casa y ser aplastado”, recordó, para NG Noticias, Raymundo López Viveros.

El locutor de radio señaló que cuando sintió el movimiento estaba en su auto, fue tan fuerte que pensó que alguien le había pegado al coche, pero al bajarse para buscar al responsable no pudo caminar, la sacudida del suelo “te incapacita”.

Al llegar a casa el panorama fue devastador. La habitación principal estaba destruida, el techo (a dos aguas) tenía hoyos que dejaban ver el cielo, una lámpara que era reliquia familiar de unos 90 años, la cual colgaba del techo, quedó hecha añicos… no se salvó ni la cadena que la sostenía.

“Ves tu patrimonio en el suelo. Yo tenía un estudio en la casa para locución, toda esa inversión quedó sin techo, las divisiones derribadas, en dos rincones había hoyos circulares que dejaba ver el patio y a los vecinos. La recámara no se distinguía, estaba cubierta con tabiques, adobe, caliche”, comentó.

Después de las primeras evaluaciones, de reponerse al impacto, de salvar algunas cosas, Ray y sus familiares se dedicaron a hacer recorridos para ver si alguien necesitaba algo, pues en sus palabras: “Eso era mejor que ponerse a llorar”.

“El recorrido duró hasta las 02:00 horas del día siguiente. En el Tecnológico de Atlixco hubo albergues y fuimos a apoyar, a recopilar despensas y colchonetas para la gente más necesitada. También fue una forma de reponernos, porque cada réplica, por mínima, genera angustia y pánico”, apuntó.

Luego vino una etapa de cambio para Ray, se mudó con un familiar a Atlixco, durante seis meses, hasta que se desocupó una casa en renta. En tanto, debía hacer los trámites para recibir apoyos federales como damnificado.

Entre vivales, el reinicio

“Platicaba con los vecinos hace unos días que Metepec quedó devastado, al menos en 80 por ciento. Calcula que aún falta como 10 por ciento de viviendas que todavía están siendo levantadas. En la calle en que vivo aún hay dos sin remodelación. Después de tres años, algunas casas están a 25 por ciento de lo que eran. La semana pasada, a dos calles, apenas echaron el colado en una”, indicó.

Ray asegura que fue uno de los afortunados, pues si bien las dos habitaciones posteriores todavía no están completas y el suelo debe ser nivelado y reparado, su casa ya es habitable desde hace un año.

Tras el sismo de 2017, el ayuntamiento de Atlixco puso gente que servía como enlaces para hacer los trámites necesarios en diferentes colonias.

Ellos determinaron que la casa del locutor de radio era pérdida total, sin embargo, la Secretaría Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) federal dijo que no, que la pérdida sólo era a 50 por ciento, no obstante, el personal municipal insistió en rectificar el dictamen y se logró.

Así, acudió a la capital poblana por su tarjeta, en la cual le depositaron 100 mil pesos que sólo podía gastar en material de construcción.

“Sí hubo vivales que se acercaron con la gente, les decían que tenían mejores precios, que trabajan más rápido, que les dieran la tarjeta y ellos se encargaban de todo… es la hora en que no se sabe nada de ellos, están demandados, pero no hay resolución. Muchos debieron abandonar sus casas, quienes pudieron hacer algunas reparaciones fue con inversión propia o con remesas que les mandan familiares que trabajan en Estados Unidos”, señaló.

“No los necesitamos”

Cuando se le pregunta a Ray por el apoyo recibido y por el trabajo de algunos políticos ante esa emergencia, la respuesta es directa: primero, se agradece lo que dieron, pero no es suficiente; en segundo lugar, no necesitamos de políticos que hablen, que se aparecen un día para la foto.

—El Congreso del Estado hay una Comisión Especial de Seguimiento de las Labores de Reconstrucción Derivadas de los Sismos de 2017, la cual ha sesionado tres veces sin ningún avance. Hace un año, con motivo del segundo aniversario citaron a una cuarta reunión y los diputados ni llegaron. ¿Qué te dice esto?

—Con todo respeto: No los hemos necesitado. La gente, a pesar de los recursos escasos, se han levantado con sus propios medios, con su fortaleza. La población ha dejado de creer en ellos, en sus políticos. Algunas personas no recibieron la tarjeta por anomalías, por falta de datos o errores, pero ese dinero ya estaba… ¿qué se hizo con ese dinero?

¿Qué le digo a los políticos? que no hemos necesitado de su presencia. Metepec sabe luchar, supo reponerse del pánico, de dormir en las calles. El nombre (de la comisión) quedó más largo que lo que han hecho.

Ray explicó que si bien por parte del Fonden recibió 100 mil pesos, para la reconstrucción de su casa, en realidad la cantidad es insuficiente y tuvo que endeudarse con un préstamos sobre otros 100 mil pesos, especialmente porque peritos le advirtieron que no podría confiarse de nada de lo que quedó en pie, pues eventualmente caería.

“Hoy ves la casa desde fuera, con su pintura, y la ves bien. Pero la puerta no la pude cambiar, ni los pisos, cada que llueve hay filtraciones, el techo no está del todo bien. Digamos que la casa está en un 70 por ciento. Además de los recursos del Fonden, llevo invertido como 150 mil extras y aún falta, hay que nivelar el piso y el revocado de cada habitación cuesta 12 mil pesos, pero ahorita no se puede, está todo parado”, explicó.

La crisis de Covid-19

“Todo lo hemos ido sorteando en familia”, dijo Ray mientras suspira.

Luego señaló: “Yo trabajaba hasta hace dos meses en una escuela, era profesor, durante 10 años di clases y de buenas a primeras me cesaron. Por la pandemia (de coronavirus) no hay inscripciones, pero también porque están contratando profesores con menos experiencia, porque si uno cobra entre 140 y 180 pesos por hora-clase, a un recién egresado de su carrera lo hacen profesor y le pagan 60 pesos”.

Este fue un duro golpe al bolsillo, algo que no se esperaba, sin embargo, mantiene su trabajo en una radiodifusora, donde este año el reparto de utilidades bajó. Afortunadamente –dijo– no ha faltado qué comer, ni el sustento ni el vestido, por ello los trabajos en el hogar están completamente parados.

“No hay nada más que hacer que trabajar, esperar nuevos proyectos. Estoy en un proyecto para redes, pero aún no es seguro. Todo esto ha sido un efecto dominó. Ando un poco enfermo por descuido, porque el trabajo te hace no comer a tus horas, durante un tiempo perdí la voz, pero hoy ya estoy mejor.

No ha sido fácil. Se cae la casa, escasea el dinero, me quedo sin un trabajo, tengo un grupo musical que por la pandemia está parado… entre marzo y abril me dio una depresión fuerte que tuve que ir a psicólogo, porque estaba pensando en lo peor, cuando crees que dañarte a ti mismo te va a sacar del hoyo”, explicó.

La esperanza

—¿Y qué te hizo reponerte? ¿Qué es lo que hace que cada día salgas de la cama a recomponer tu mundo?

—La misma familia. Saber que hay alguien que te espera. No tengo hijos, pero el amor a la familia, a ti mismo. Estoy consciente que no estoy a 100 por ciento, hay días muy malo y otros muy buenos, pero la fe en un Dios y la unión familiar hoy lo valoro más.

La relación con mi pareja se fortaleció, también con familiares que antes no eran cercanos.

—¿Qué lección te ha dejado ser un sobreviviente del sismo y enfrentar hoy la pandemia de coronavirus?

—Primero: que vivas el momento. Tengo 44 años y ahora siempre pienso en cuando tenía 20, que siempre dejaba las cosas para después, porque crees que eres eterno, que no pasa nada si lo dejas para mañana.

Segundo: Ver quiénes somos realmente. Porque entre mexicanos, entre vecinos, nos peleamos y mal miramos, pero el temblor hace que vengan de otras calles, de otras colonias, la ayuda que llega de otros estados. Ese día yo necesitaba brazos para moverme, para llevarme lo poco que podía salvar de la casa y entonces conocí la solidaridad del mexicano.

Tercero: Necesitamos concientizarnos y ser menos viscerales. Porque pasa el momento de crisis y se nos olvida, entonces volver a ser los mismos que se mal miran. Debemos revalorar la vida, cambiar interiormente, uno por uno. No puedes ser ajeno al dolor del de enfrente, porque un día te puede pasar, tan es así que en 2017 lo mismo cayó una casita de un piso que un edificio, lo mismo una construcción viejísima que una nueva, lo mismo afectó un edificio de gobierno que una iglesia.

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