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Huachicol, más que un simple delito

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El fenómeno del huachicol es un crimen que se ha vuelto un auténtico cáncer en la sociedad, pero su surgimiento no fue una mera coincidencia, ni mucho menos la incorporación de poblaciones enteras.
(parte 1)

Alberto Arcega Macuil/ Erick Almanza

El huachicol no se puede simplificar sólo en el robo a los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex), el fenómeno tiene distintas aristas que han complicado su combate, entre ellas, el involucramiento de poblaciones enteras, lo cual ha quedado en evidencia en diferentes casos, y recientemente en Tlahuelilpan, Hidalgo, donde la gente se sumó a la ordeña del energético, lo que cobró la vida de 115 personas tras estallar el ducto que estaba siendo robado.

Actualmente, el territorio poblano es considerado entre las entidades del país en donde se registra el mayor número de tomas clandestinas de gasolina.
En 2018, Puebla cerró en el segundo lugar a nivel nacional con mayor número, con 2, 072. Mientras que en enero del presente año y de acuerdo a cifras de la propia paraestatal, se ubicaron 12 ordeñas para colocarse en el octavo lugar de incidencia de este crimen.

En el 2016 se disparó la ordeña a los ductos de Pemex en Puebla, tiempo en el que los huachicoleros vendían el litro en 10 pesos y máximo 13, dejando fuera de la competencia a estaciones de gasolina que tenían el precio de 18 y 19 pesos el litro.
Y es precisamente por el precio, que se fortaleció el negocio del huachicol, sin embargo, no es el origen.

Existen indicios de que este delito tiene ya varios años. En la propia capital, en zonas como San Miguel Canoa simplemente no existen gasolinerías, lo que propició que la gente optara por comprar gasolina robada.

Esta historia se repite en diferentes comunidades del interior del Estado que requieren el uso constante de vehículos para el traslado de sus productos y que requieren que el costo del energético sea accesible.

Desde 2017 la situación se volvió más compleja con la liberación de los precios de la gasolina, pues el costo de traslados a comunidades lejanas es mayor e incrementa el precio final del producto. Para personas que dependen del mover su mercancía por grandes distancias y que de por sí obtienen bajos ingresos por su trabajo en el campo, el golpe en el bolsillo es mayúsculo.

Sería mentira asegurar que la población se incorpora a este delito por «necesidad», pero de igual forma sería cerrar los ojos el no querer ver que la colusión con el crimen les significa una oportunidad ante situaciones complejas económicas que viven sus familias, y en la combinación con una generación donde se ha ponderado el dinero como eje de todo, muchos resultan fácilmente corrupto les.

En la zona del denominado «Triángulo Rojo», que comprende los municipios de Tepeaca, Palmar de Bravo, Quecholac, Acatzingo, Acajete y Tecamachalco, se ubica la mayor cantidad de los llamados
«halcones», es decir, personas que se dedican a vigilar que elementos del Ejército, policía federal, estatal y municipal, no se acerquen cuando otro grupo está perforando los ductos y llenando contenedores de manera ilícita.

Los «halcones», incluso, «halconcitos» (menores de edad) inician en esta actividad ganando en promedio 4 mil pesos a la semana y por esa situación, al tener un beneficio monetario, dejan de lado la escuela y sus diferentes actividades.

En tanto, los líderes huachicoleros por la ordeña llegan a recibir entre 15 y 20 mil pesos semanales.

Un crimen bien organizado

El involucramiento de poblaciones entera cierra la pinza de un delito que a todas luces está bien organizado y que, como se señaló, ha crecido exponencialmente pero que en realidad no es nuevo. No obstante, tomó fuerza cuando incursionaron grandes cárteles que prioritariamente se dedican a la compra venta de droga pero que se han mudado también a otras actividades criminales.

Durante su gestión como gobernador, Antonio Gali Fayad, reconoció la presencia del crimen organizado del cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) que está disputando la plaza con gente allegada al grupo de Los Zetas.

Aunque es un secreto a voces que el delito existe desde hace varios años, fue desde el mes de marzo de 2016 cuando se hizo evidente el problema cuando fueron levantadas más de 20 personas en un palenque clandestino en Cuautlancingo y posteriormente se encontraron 10 cadáveres en tambos con ácido y diésel en San Andrés Calpan. Tiempo después, en junio, fueron asesinadas dos personas por un comando armado en un partido de beisbol en Acatzingo.

Pero fue hasta el mes de mayo de 2017 cuando se dio un ataque frontal a los criminales dedicados al huachicol, originalmente relacionados con el cartel de Los Zetas, tras la muerte de dos militares en enfrentamiento con ladrones de combustible.

En los últimos años comenzaron a presentarse narcomantas en la entidad firmadas por el CJNG, posterior a lo cual se registraron homicidios en puntos diversos de la entidad.

(continuará)

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