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La boda que la homofobia no ha dejado ser

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Foto: Especial

Después de una boda ‘patito’, Alinne y Marisol mantienen el propósito de casarse en Puebla, donde el debate sobre los matrimonios igualitarios sigue generando controversia

Mayra Flores

Con un amparo de por medio, apresurada, y a manera de secreto fue la boda de Marisol y Alinne hace dos años en San Pedro Cholula, al menos así lo creyeron al hacer el trámite porque después se enteraron de que su unión civil no fue legal.

La pareja con seis años de relación conversó con NG Noticias sobre lo complejo que les ha resultado cumplir el sueño de casarse y la forma en que determinados actores políticos han abordado el tema de los matrimonios igualitarios con fines electorales.

Marisol y Alinne.

Marisol y Alinne tienen 26 años y se conocieron mediante un grupo de WhatsApp de la comunidad LGTBI, salieron un par de veces y decidieron iniciar una relación de pareja, entendida y apoyada por su círculo más cercano, pero aún rechazada por la sociedad poblana.

Después de cuatro años, Marisol decidió dar el siguiente paso y le propuso a Alinne ser compañeras de vida.

“Fue tomando un cafecito, la invité a tomar un café y le dije si ganas este juego te tengo una sorpresa, entonces ella perdió y le dije bueno yo gané, entonces le puse una cajita y ahí venía el anillo”, contó Marisol sobre el momento, mientras Alinne sonreía.

Tras darse el sí mutuamente, pensaron en acudir a la Ciudad de México a realizar los trámites porque en esa entidad los matrimonios igualitarios son una realidad, sin embargo, en ese momento la comunidad LGTBI alzaba la voz en Puebla para que los legisladores aprobaran las uniones civiles para el sector y decidieron sumarse al movimiento.

Acudieron a la boda simbólica que se realizó a manera de presión para que los diputados poblanos avalaran las uniones civiles entre personas del mismo sexo y ahí conocieron a políticos del Partido de la Revolución Democrática (PRD) que apoyaban la lucha y las contactaron para que fueran de las primeras parejas en casarse en San Pedro Cholula.

Primero promovieron un amparo, en el que invirtieron un mes de trámite y más de 2 mil pesos, para cuidar que su unión fuera legal, además de los requisitos de ley como los exámenes prenupciales y documentos oficiales.

Sin embargo, no tuvieron oportunidad de organizar la fiesta que deseaban para compartir el momento con sus seres queridos y sólo pudieron invitar a un par de ellos a la ceremonia civil porque les notificaron la fecha una semana antes.

“Fue a puerta cerrada, no se permitieron medios, fue algo muy a escondidas por así decirlo, nos casamos sábado y fue el siguiente lunes cuando se publicó en periódicos que se habían hecho las primeras bodas igualitarias, fuimos 10 parejas”, dijo Marisol.

Contó que en ese momento las autoridades les explicaron que no querían correr riesgos, ya que al ser un tema rechazado socialmente y sin aval legislativo en Puebla, existía la posibilidad de que acudieran manifestantes a agredir a las parejas.

Por lo anterior, sólo permitieron el acceso a los testigos de los cónyuges y a máximo cuatro invitados por pareja, que debían estar registrados previamente.

Después del sismo del 19 de septiembre de ese año, 2017, acudieron a solicitar su acta de matrimonio y les argumentaron que los daños que había sufrido La Casa del Caballero Águila a causa del movimiento telúrico, habían ocasionado la pérdida de documentos.

Narraron que después de varios intentos nunca les entregaron el acta que acreditaba su unión y al acudir a la Dirección del Registro Civil les informaron que en el libro no existía su matrimonio.

Para Alinne lo que les ocurrió fue un engaño de actores políticos que buscaron el apoyo de la comunidad LGTBI para los comicios de ese año a costa de bodas igualitarias express e ilegales, ya que de las 10 parejas que se casaron ese día sólo dos obtuvieron el acta correspondiente.

“A final de cuentas fue un partido político el que se quiso poner un moño diciendo ‘nosotros hicimos esto por ustedes’, cuando al final de cuentas somos personas, son nuestros derechos y tiene que ser algo que toda tu vida recuerdes, algo hermoso, así como las parejas heterosexuales, con ellas no se mete ningún partido, sólo se debe ver el amor”, dijo.

Ambas dijeron que entre sus planes está volver a casarse, esta vez en la legalidad, sin prisas, con una fiesta para compartir con sus seres queridos y aprovechando que conservan el amparo que les permite hacerlo.

Sin embargo, indicaron que, a dos años de vivir juntas como esposas, primero tienen contemplados otros planes a nivel personal y profesional. Ambas participan en la protección y defensa de los animales, Alinne ejerce su carrera de fisioterapeuta y Marisol se dedica a la repostería.

En legislación de matrimonios igualitarios no deben existir intereses políticos

Los legisladores locales y la sociedad poblana deben ver el matrimonio igualitario como un derecho de cualquier persona y no desde el ámbito político o religioso, coincidieron Marisol y Alinne.

Ambas consideraron que el ordenamiento emitido recientemente por el gobierno municipal de Puebla, para que los presidentes auxiliares realicen matrimonios igualitarios, es un avance para quienes se han enfrentado a diversos obstáculos para casarse y han tenido que recurrir a vivir en unión libre, sin acceder a los derechos y protección de una unión civil.

“No debe haber interés político, al final se debe ver por las personas (…) para nosotros es un proceso muy largo, es un proceso que cansa”, dijo Marisol.

Indicaron que desafortunadamente la sociedad poblana rechaza las relaciones amorosas entre personas del mismo sexo y a causa de ello se niega a respetar el derecho de todo ser humano a contraer matrimonio.

“Algo que siempre hemos hecho nosotras es no exhibirlos, porque si hemos sufrido mucha discriminación de las personas, por eso fue como de hacerlo, pero sin que muchos sepan”, dijo Marisol al referir que a diferencia de una pareja heterosexual ellas siempre han cuidado que la gente no se entere de su relación y de la intención de casarse.

Por ejemplo, refirió que no comparten muestras de afecto en lugares públicos para evitar problemas, de tal forma que se han acostumbrado a reservar gestos como las caricias, los besos o el tomarse de la mano para lugares íntimos o sitios en donde sólo hay amigos o familiares.

“Puebla está muy arraigada al catolicismo, a la religión y es mal visto (las parejas del mismo sexo) y por eso la gente no se abre a la posibilidad de conocer las situaciones”, expresó Alinne.

Por último, dijeron que además de legalizar los matrimonios igualitarios, las autoridades deben asesorar a los responsables del registro civil y a las parejas, puesto que eso ayuda a protegerlas y evitar que sufran discriminación.

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