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La calle fue mi escuela y elegí ser honrado, no vicioso: Tomás

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Lleva 23 años trabajando en la calle; su oficio: limpiaparabrisas; su motor: la familia; las drogas y las invitaciones a robar nunca fueron opción; vive al día, pero siempre encomendado a Dios

Jesús Peña

Tomás Martínez es limpiaparabrisas, trabaja para sacar adelante a su esposa y sus cuatro hijos, nunca tuvo el apoyo de sus padres, pero encontró la forma de salir adelante a pesar -como él dice- de no tener un solo papel para conseguir un trabajo formal.

En entrevista con NG Noticias, recuerda que a los 14 años comenzó a vender chicles en los cruceros, después, un grupo de chavos le enseñaron a ‘torear’ los autos, a vivir de limpiarlos mientras la luz roja le da unos segundos para ofrecer su servicio y esperar una propina.

En la calle valoras mucho lo que es la pobreza, lo que te enseña. Te enseña a decir que NO a la tentación de las drogas, decir NO cuando te invitan a robar, te enseña a buscar buenas amistades y que te apoyen a trabajar honestamente. Eso hace que cada día yo salga a buscar un futuro para mis hijos y mi esposa”, declaró.

Para él, limpiar parabrisas significa no sólo obtener una moneda, sino valorar lo que hay detrás de ella: comida a la casa, ver que sus hijos crezcan sanos y tengan las oportunidades que él no tuvo.

En la calle también conoció el amor, uno sólido, que no tiembla ante las dificultades, lejos de ello se fortalece: “Conocí a mi esposa por amigos. Ella vendía comida y empezamos a salir. Hoy tenemos cuatro hijos: una jovencita de 19 y tres niños de 14, 13 y cinco años. Ella me lleva un año de diferencia y me apoya en todo”.

–¿Cómo recuerdas el día en que te dijeron que serías papá, uno muy joven?

–Te emocionas. Sientes bonito. Sabes que vas a salir a darle con todo, porque ella es mi futuro. Yo rentaba un cuarto en ese entonces, pero te surgen las ganas de superarte. Hoy doy todo por darle algo. Luego vinieron los más. Pero nunca me ha dejado solo, mi esposa vende productos de belleza, incluso pollitos y va sacando ganancias.

La verdad es que en la casa los gastos van saliendo de a poquito. Afortunadamente aún no nos enfermamos como para ir al hospital, todavía no me toca nada grave, no conozco ese escarmiento que es estar en una sala de espera con un familiar grave, ni quiero.

La pandemia pega

Son las 7:00 de la mañana y los utensilios están listos. La botella con jabón, el jalador y la franela. Con el primer rojo del semáforo se lanzan a la calle, mientras los primeros autos se paran.

En medio de ellos va caminando Tomás, ofreciendo limpiar el parabrisas. Las lluvias nocturnas manchan los parabrisas, es una oportunidad para él.

Sin embargo, no es lo mismo. Antes de la pandemia trabajaba de las 6:00 a las 15:00 horas. En una buena jornada sacaba hasta 350 pesos, lo bajo serían 250 pesos.

Hoy, llega al Bulevar Norte y 15 mayo a las 7:00 de la mañana, su turno termina a las 5:00 de la tarde y apenas saca 200 pesos, eso sin contar los gastos que hay, porque se toma un refresco o un agua.

Nosotros somos agrupación de familia, no dejamos que otro se acerque porque luego son viciosos. Nosotros cuidamos la zona porque hay semáforos en lo que se drogan y toman. Cuando hubo operativos, que nos acusaban ocupación de vía pública, nos liberaban al día siguiente. Ahorita no nos han molestado, ni nos piden cuota, ni nada. Los comandantes nos autorizan trabajar”, dijo.

En ese cruce trabajan siete personas, Tomás y dos hermanos, así como unos primos y un tío. Hay agrupaciones que se han acercado a ellos, como Antorcha Campesina y la 28 de Octubre, pero no se han afiliado a ninguna, porque prefieren seguir como independientes.

También se ha acercado gente que les ha pedido que vendan drogas o mercancía pirata, pero tampoco han aceptado.

Tomás sabe que se arriesga cada día a un accidente, a que pase “un loco” a toda velocidad, pero afortunadamente nunca ha sufrido un percance.

Hay momentos en que llegan los rateros, porque está cerca el banco. Sabes que si apoyas tu vida está en riesgo, así que mejor te volteas y haces como que no ves nada”.

El no tener estudios le ha complicado obtener un trabajo formal, porque -dice- que “no tener papeles hace que te quieran explotar, te dan el mínimo y no lo que vale tu trabajo, entonces te ves obligado a seguir en la calle. A veces cae chamba de pintor o me ocupan para mudanzas, porque saben que soy honrado”.

Incluso señala que su oficio es como un “deporte extremo”, pero le gustaría dedicarse a la pintar casas, porque además encuentra una satisfacción en decir: “Yo pinté allí y se ve bonito”.

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