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La corrupción y los jóvenes

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La columna de Carolina Morales

De acuerdo a Transparencia Internacional, el problema de la corrupción en México y América Latina es de los asuntos más graves, afectando directamente a la gobernabilidad y al incremento de la violencia y de la delincuencia.

México cayó tres lugares más en el índice de Percepción de la Corrupción 2018 (IPC2018), ubicándose en la posición 138 de 180 países a nivel global. Cabe señalar que los servicios más sensibles a la corrupción son las adquisiciones públicas, los servicios públicos y la recaudación de impuestos.

Esto a pesar de que existen mecanismos, instrumentos e instituciones internacionales que están trabajando en la promoción de la transparencia y la lucha contra la corrupción, considerando que no puede haber desarrollo sostenible con corrupción, tal y como lo ha indicado el presidente de TI, José Ugaz.

Desafortunadamente, en nuestro país es un tema recurrente hablar de corrupción, en las reuniones familiares, con los amigos, en el trabajo, etc. Se nos hace ya común escuchar historias lamentables sobre la forma en que algún funcionario o político es detectado en alguna práctica ilícita, o enterarnos de algún empresario que paga por agilizar trámites o la tolerancia a la piratería, que afecta gravemente a la economía formal.

Sin embargo, la corrupción está lejos de ser una práctica exclusiva de los políticos, del gobierno, de los partidos políticos o de los funcionarios. En algunas ocasiones, con pequeñas acciones (así las justificamos) que van mucho más allá de la clásica mordida, muchos también formamos parte de esa estadística al comprar piratería, plagiar algún documento que encontramos en internet para realizar alguna tarea, evitar alguna multa, etc. Todo esto también es corrupción, nos guste o no.

Tomando en cuenta el lamentable lugar que ocupa nuestro país en el tema de la corrupción, nos podemos percatar que el problema es mundial, sin embargo, otros países han sabido contrarrestarlo y nosotros no. Por tanto, es preciso comenzar a trabajar en una cultura de la legalidad, la transparencia y la honestidad, entendiendo que esto no es tarea exclusiva del gobierno sino que debe ser una tarea que incluye a los padres de familia, la escuela, los organismos de la sociedad civil y el gobierno.

Afortunadamente no todo está perdido. Algunas encuestas señalan que en México los jóvenes son quienes más rechazan la corrupción, expresando que tienen la necesidad de vivir con valores éticos y universales.

Sin duda las redes sociales son una importante herramienta de difusión de prácticas corruptas. Esto permite que la juventud esté al tanto de los acontecimientos de manera inmediata, y que denuncien sin miramientos, a quien o quienes se pasen de listos.

Este monitoreo constante de conductas le permite al país no aceptar verdades únicas. Es pues, en la pluralidad de ideas y opiniones, que la juventud puede salvar a este país, denunciando, exhibiendo, señalando.

Pero no basta con señalar. Es preciso actuar en positivo y fomentar una cultura del respeto a las instituciones y a las leyes. Como nunca, hoy demandamos que se respete el estado de derecho, comenzando por las autoridades.

El cambio en México no depende de una sola persona sino de la suma de millones de voluntades. Estoy convencida que es la juventud la que tiene en sus manos la oportunidad de hacer de nuestro país un ejemplo de honestidad.

Urge cambiar la imagen de corrupción, inseguridad y violencia en México. Confío en que la juventud lo hará posible.

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