Nuestras plumas

La triste realidad del Congreso – Oswaldo Jiménez

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Dice el clásico que para que haya pleito se necesitan por lo menos dos. En el debate político también se necesitan al menos dos posiciones encontradas.

El parlamento (Congreso) que es el lugar donde se parla (se habla) es un escenario natural para el debate político. En el debate se debe privilegiar el respeto a la opinión del contrario y a través de un ejercicio de argumentación se busca convencer a la contraparte para que se adhiera a determinada posición.

Cuando las posiciones son muy distantes y ese ejercicio de argumentación, enmarcado en el respeto, no dio resultados, el siguiente objetivo es encontrar puntos de encuentro, es decir, acuerdos.

El triunfo de la política se da cuando se logran estos acuerdos. Las partes pueden no estar del todo satisfechas porque no ganaron todo lo que quisieron, pero tampoco están del todo insatisfechas porque no perdieron todo.

El sistema democrático está diseñado para que existan mayorías o se puedan construir éstas y la mayor virtud de quien ostenta la mayoría está en escuchar y posteriormente, como ya lo señalé, encontrar puntos de encuentro.

El recurso del uso de la mayoría existe y debe ser utilizado como el último, después de haber agotado todas las posibilidades. Cuando se usa en esos términos, es un recurso que ofrece la posibilidad de avanzar y/o concluir una discusión o un debate.

Lo más importante en un debate político dentro de un parlamento, no es quién tiene la razón. Lo más importante es pensar en el destinatario final de lo que se está discutiendo y no son los partidos, ni son las redes sociales, son las personas que nos pusieron ahí para lograr acuerdos en su beneficio, no en el beneficio de un grupo político.

Todo lo anterior está completamente ausente en el Congreso de Puebla.

-No hay respeto al contrario.
-No se buscan los puntos de encuentro.
-Las ideas no se contrastan, se imponen.
-Y el recurso de la mayoría, nunca es el el último. Siempre es el primero.

Esto ocurre por varias razones.

1. La primera de ellas tiene que ver con la ignorancia. La ignorancia como descripción y no como un insulto. Hay un profundo desprecio por el estudio y la lectura que son requisito mínimo para la defensa de una idea.

2. La segunda tiene que ver con esa idea perversa que se siembra en la cabeza de quienes ganan. Esa idea es producto de la miseria humana y no es exclusiva de quienes hoy son los ganadores. Pero sí hace más daño a quien emocionalmente no está preparado para lidiar con ella. Me refiero a la idea de creer que el triunfo dura toda la vida.

3. Y la tercera es el autoengaño. Repetirse hasta el cansancio que son diferentes cuando toda la evidencia los exhibe como la versión más elemental de lo que juraron combatir.

Todo lo anterior es una reflexión motivada por la lamentable, desafortunada, ridícula y pusilánime actitud mostrada por un grupo de legisladores que fueron exhibidos en un video mofándose cínicamente de quienes se han atrevido a cuestionar sus decisiones.

¿Se vale celebrar un “triunfo” político, a pesar de que no se privilegiaron preceptos como el respeto y la búsqueda de acuerdos? Probablemente para muchos sí se vale. Puede no ser políticamente correcto pero no es ilegal y dado que las definiciones de “lo correcto” pueden ser muy distintas, se puede considerar como algo “válido “

Lo que no se vale es la mofa, la burla, la sorna, el desprecio por el que resultó vencido y más aún por quien se dice agraviado por eso que “lograron” en un proceso muy cuestionado.

El video es tan triste como dramático porque en pocos segundos retrata de cuerpo entero el gran desprecio que tienen por el que piensa diferente y por las personas que dicen representar.

Es la película más breve de cómo personas que lucharon de manera legítima por un ideal, fueron alcanzados por la parte más miserable de la política.

Este episodio explica a la perfección porque la sociedad, tiene a los diputados en tan mal concepto.

Pero créanme, no somos iguales.

Oswaldo Jiménez
Coordinador de Diputados del PAN
Congreso del Estado de Puebla

 

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