Los Conjurados

Los Conjurados – Aréchiga, ignorante de su propia Secretaría

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Erika Rivero Almazán

El secretario de Movilidad y Transporte, Guillermo Aréchiga, recibió una llamada a su celular el pasada viernes.

Era de su propio personal que labora en el CIS.

La pregunta era simple: ¿Cuáles son las medidas de seguridad que se deben de tomar ante la pandemia?

«Señor secretario, perdón por interrumpirlo pero aquí nadie sabe qué hacer… estamos trabajando y atendiendo a los usuarios de forma normal, pero no tenemos ni indicaciones, y el personal está muy nervioso… ni jabón, ni gel antibacterial tenemos…».

La respuesta de Aréchiga desconcertó más… ¿Y los encargados de área?

– Los directores y encargados de área por lo regular no están. El personal está a la deriva.

Guillermo Aréchiga sudó la gota gorda porque el verdadero motor de inquietud fue cuando el personal de la Secretaria de la Función Pública fue a las instalaciones del Centro Integral de servicios (CIS) para hacer valoraciones sobre los servicios de expedición de licencias, pasaportes, cartas de no antecedentes penales, credenciales para votar, capacitación al transportista, constancias de no habilitados. Estos últimos dependientes de la Secretaría de Finanzas y Fiscalía.

-¿Quién está a cargo aquí?, preguntó el personal de la Secretaría de la Función Pública, cuando llegaron al edificio Norte CIS, después de haber ido a inspeccionar las otras instalaciones de Movilidad, ubicadas en La Paz.

-Pues… nadie. Todos nosotros. Respondió un buen samaritano, que estaba en ese momento en el mostrador.

– ¿No hay un director, un encargado del área?

-No, por lo regular no está aquí. No vienen a trabajar. Ellos sí están en sus casas.

Por supuesto que Aréchiga hizo las llamadas correspondientes a sus directores para saber qué estaba pasando.

-¿Pues dónde andan?
Gritó el jefe.

Es obvio que Aréchiga se ‘lava las manos’ ante la contingencia. Indiferente, ignorante e ineficiente.

Es la hora que no existe un protocolo de atención a los usuarios, como el metro de distancia en las filas, entre asientos, ni en el momento de ser atendidos por los servidores públicos o la ventilación mínima indispensable.

Las oficinas son un horno.

Y mucho menos existe gel antibacterial en los mostradores, ni en los baños. Es común que falte el papel de baño.

La historia de la ineficiencia que impera en la Secretaría de Movilidad se recrudece: a punto de entrar a la fase 2 de la pandemia, no existe un protocolo de operación para el servicio de transporte público. Los choferes siguen trabajando ‘a la buena de Dios’, sin recibir ninguna instrucción, y al mismo tiempo, los usuarios no han recibido la información de alguna medida. Y es la fecha en que las unidades trabajan al 100 por ciento de su ocupación, sin respetar las medidas de distancia entre cada persona.

Ya ni hablar de las cámaras de vigilancia y el servicio en general del transporte público, que antes del coronavirus, tanto los concesionarios como los usuarios califican como ineficientes… por utilizar un eufemismo.

Sin lugar a dudas, la pandemia está sacando lo mejor… y lo peor de todos nosotros.

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