Los Conjurados

Los Conjurados – Barbosa y Rivera: el primer desencuentro

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La columna de Erika Rivero Almazán

Mala señal.

La primera.

La presidenta municipal Claudia Rivera, en vez de celebrar lo que sería su primera acción de gobierno importante, está aún preguntándose qué salió mal en su iniciativa para revocar la concesión a la empresa Agua de Puebla para todos.

Y es que, si vamos a analizar el punto, Rivera Vivanco tiene toda la razón: la privatización del servicio de agua potable fue una propuesta morenovallista que hasta la fecha ha sido desventuradamente rentable: le cuesta caro al gobierno, un ojo de la cara a los poblanos y el servicio es pésimo.

Incluso, sirvió como bandera electoral a Morena el prometer la cancelación de la privatización del agua.

Entonces, ¿por qué la alcaldesa y su equipo se comen las uñas ante la avalancha de críticas que recibió desde el Congreso, el gobierno estatal, organizaciones civiles y hasta desde su propio ayuntamiento?

La respuesta podría estar en algunos de estos puntos.

  1. Falta de información.
  2. Ausencia de rigor jurídico.
  3. Inexistencia de asesoría legal.
  4. Desconocimiento de las cláusulas y condicionamientos con los que se firmó el contrato entre el gobierno de Rafael Moreno Valle y la Agua de Puebla.
  5. Inoperancia en las relaciones con el Congreso local, gobierno estatal, así como el resto de las instancias involucradas, incluyendo a la concesionaria.
  6. No respetar los tiempos políticos.
  7. Falta de oficio político al no tomar en cuenta, en lo absoluto, al gobernador (ni al interino ni al entrante).
  8. Desconocimiento total de los alcances financieros del ayuntamiento de Puebla.

De esto se desprende las críticas ácidas en contra de Claudia Rivera: el secretario de Gobierno Fernando Manzanilla declaró que ‘El peso financiero de este tipo, que además es un organismo regional, no lo puede soportar un municipio por sí solo, esa es la razón por lo que en un principio se armó el Soapap, como un organismo intermunicipal y un organismo de carácter estatal, hay que esperar. El gobernador electo irá tomando conocimiento de todos estos asuntos y al entrar, tomará una decisión’’.

Silvia Tanus, regidora que se abstuvo en la votación en Cabildo, coincidió con Manzanilla y abonó otro concepto: ‘si algo me ha enseñado el PRI es a ser institucional y respetuosa de las formas… ¿para qué adelantarse a los tiempos?, ¿qué no era mejor contar con el aval del gobernador entrante, que es también morenista? Porque si un gobernador privatizó el agua, sólo otro gobernador la puede echar abajo… es cuestión de conocimiento legal, información y respeto… oficio político, pues’.

El diputado Emilio Maurer reiteró todo lo anterior y resaltó ‘que no es tan fácil echar abajo la privatización y llevará tiempo, no se trata de solo buenos deseos y firmar una hojita entre amigos’.

Y es que efectivamente, por alguna razón desconocida, el equipo jurídico de la presidenta municipal no se le ocurrió revisar las cláusulas legales del contrato, mientras que sus asesores políticos tampoco se les ocurrió acercarse al equipo de Barbosa para informarle de las acciones que iba a emprender el ayuntamiento poblano en un asunto de gran escala.

Fue así que una buena idea terminó en un desastre económico, político y legal.

Obvio: este es el primer desencuentro entre Barbosa y Rivera que enfría una relación que aún no existe.

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