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Los Conjurados: De cómo Genoveva Huerta conservó su cabeza

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El líder nacional del PAN, Marko Cortés, fue visitado por la dirigente en Puebla del albiazul, Genoveva Huerta Villegas. A continuación, parte de la temática que abordaron.

La columna Erika Rivero Almazán

Tuvo que esperar un buen rato en la antesala, hasta que la secretaria la anunció.

Marko Cortés la saludó sin energía.

Ya sabía a qué venía Genoveva Huerta y no le gustó su visita: «Puebla es una olla de grillos y de traidores», mazculla cada vez que puede el presidente del CEN del PAN.

En cambio, Genoveva Huerta entró a la oficina con una sonrisa solícita, inclinando la cabeza varias veces. El clásico gesto de quien va a pedir un favor.

Uno grande.

Al sentarse, Marko vio su reloj, señal de quien no tiene mucho tiempo para dar.

Huerta olfatea el gesto y opta por ahorrarse las frases amistosas. Ella sabe que no existe la camaradería con Marko despues de su fallida visita a Puebla, tras la muerte de los morenovalle y de la cual salió muy mal parado, debilitado, desacreditado.

Palabras más, palabras menos, Genoveva acepta que su situación es «delicada», dada la seria intención del CEN de enviar una delegación comandada por Héctor Larios y quitarle el cargo de presidenta.

Lo que Marko Cortes no aceptó.

Pero tampoco negó.

El silencio siguiente obligó a Marko a pronunciar la eminente pregunta

«¿Qué es lo que quieres Genoveva?».

Fue la oportunidad que esperaba: y dijo con tono ensayado: «nada».

La actitud descafeinada del líder nacional cambio. Se hizo para adelante para escuchar a Genoveva: reconoció que el partido en Puebla estaba cruzando por la peor crisis, y que ella tuvo que tomar decisiones impopulares.

Incluso, se mostró vulnerable: «tal vez he cometido errores, pero es por falta de experiencia, de orientación, necesito ayuda».

Y puso su cara de tristeza.

Ofrecíó trabajar en unidad con el CEN, «y por eso me vengo a poner a tus órdenes». Habló sobre lealtad a la institución y, sobre todo, a Marko.

Fue entonces cuando el dirigente entrecerró los ojos.

Ya había entendido todo.

Sonrió, le dio una palmadita en la espalda y le aseguró que todo estaría bien de ahora en adelante.

Que él se comunicaría directamente con ella, sin intermediarios, para darle instrucciones de cómo se manejaría el PAN poblano, incluyendo la elección del candidato a la gubernatura, echando a bajo la convocatoria emitida por el Pan local.

Genoveva aceptó con agradecimiento.

Y así fue.

Anular a las únicas cartas competitivas como Ana Teresa Aranda y Luis Paredes, desechando las 3 propuestas de la propia dirigencia estatal y cobijando a un candidato ajeno como Enrique Cárdenas fue el inicio de una nueva relación llena de armonía y lealtad.

Y todo por conservar la cabeza.

Que así sea.

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