Los Conjurados

Los Conjurados – Después del #Covid-19

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Los Conjurados, la columna de Erika Rivero Almazán

El mundo, nosotros, jamás seremos los mismos.

Esta pandemia nos está dejando marcas mucho más profundas de las que estamos conscientes.

Nuestra colaboradora, la psicóloga Gabriela Fabre ofreció una conferencia en zoom sobre este tema, y difundiremos partes muy valiosas con el propósito de que las observemos y seamos capaces de recuperarnos lo más rápido posible de estas heridas: que sean cicatriz pero que ya no duelan.

1. Propensión a las fantasías catastróficas. Estas historias siempre han existido: plagas, terremotos, ovnis, pandemias, un nuevo brote… el problema es que después de la ola de impacto socioeconómico y emocional del Covid-19, las fantasías catastróficas suelen prosperar en el imaginario colectivo por más tiempo, aunque jamás lleguen a suceder.

2. La sed de piel. Así se llama al efecto psicológico de quienes sufren aislamiento, común en las cárceles o entre enfermos contagiosos y repercute en crisis emocionales, esto porque el ser humano requiere de la convivencia, la cercanía y el afecto. Está demostrado que el contacto con los otros nos pacifica y disminuye los arranques de violencia. Es tan necesario como comer y beber. En pocas palabras: Tocarnos entre nosotros permite que haya una convivencia pacífica.

3. El miedo a la cercanía y a la muchedumbre. La prolongación del aislamiento (porque ya sabemos que la cuarentena se extenderá) tendrá una repercusión en nuestras costumbres de convivencia, las cuales ya no serán las mismas, sobre todo para familias enteras que tuvieron un pariente, un amigo, un vecino o un colega que se contagió o murió de Covid-19. Este sector pensará dos veces su saludo con besos, abrazos o asistir a eventos multitudinarios.

4. Del mismo modo, se genera en el inconsciente estados de culpa para quienes sobrevivieron a la pandemia, tal y como sucede en las posguerras. Esta sensación también se manifiesta con un miedo constante a ser el siguiente contagiado.

5. La ruptura del ciclo circadiano se manifiesta con fatiga, desorientación, insomnio, enfermedades cardiovasculares, depresión y ataques de pánico, histeria o violencia. Recuperar nuestro ciclo circadiano será todo un reto, es decir, retomar nuestros horarios de vida; sueño, comidas, trabajo, descansos, entretenimiento, en fin.

6. La pandemia nos robó la vida conocida: nuestras rutinas de trabajo, escuela, la convivencia con amigos, la familia, la pareja, las fiestas, los viajes, los planes, y en la mayoría de los casos afectó brutalmente la economía familiar.

El Covid-19 nos impidió ser.
Y nos obligó a vivir al día: al famoso “aquí y ahora”. Nos dio un mundo menos abierto, menos libre, y nos hizo enfrentar a nuestros más grandes miedos… completamente solos.

7. La pandemia en México la vivimos con un grado agudo de esquizofrenia por los mensajes doble vinculados, es decir, órdenes que se contradicen entre sí, que nos confunden y obligan a dudar de nuestro propio juicio y criterio: sirve pero no sirve el tapabocas, sales o mejor no sales de tu casa, que las medidas de higiene y sanitización son necesarias o no sirven para nada, que salgas a trabajar pero que mejor no, que te abastezcas para la cuarentena pero que mejor no hagas compras de pánico, que del Covid-19 nos salva Diosito y el caldo de pollo, pues sólo les da a los “fifis”, o que esto va en serio y que los hospitales ya no se dan abasto para recibir a tantos enfermos. ¿Así o más esquizofrenia?

8. Lo que queda claro es que debemos confiar en nosotros mismos, en nuestro juicio: cuidarnos a nosotros mismos es cuidar a nuestra familia, a todos los que amamos y a los demás. Hay que hacerlo. La realidad de esta pandemia es individual: ¿tú cómo la quieres vivir? El estado adulto nos lleva a saber planear, saber resolver y saber enfrentar, convertir el miedo en resiliencia, a ser más tolerantes y flexibles, a ser más conscientes del enorme daño que le provocamos a la naturaleza, a llevar una vida más saludable, a valorar todo lo que perdimos.

A decir más “te quiero” y “lo siento”, a ahorrar más para casos de emergencia (por que sí suceden), a disfrutar de la compañía de nuestros afectos, porque quién sabe cuándo los volvamos a ver, a besar, a abrazar.

Pero sobre todo, a observarnos a nosotros mismos con profunda consciencia, paciencia y cariño, a darnos cuenta de los errores y las omisiones que hemos cometido y corregirlos, ya que para muchos de nosotros, por fortuna, aún no es demasiado tarde.

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