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Los Conjurados: Eduardo Rivera va por la gubernatura, y el “Yunque” perdiendo ganará

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Marko Cortés le dio la bendición a Eduardo Rivera para su propósito, que no es otro que recuperar el control del panismo y proyectar a sus alfiles en los puestos claves de poder en el estado.

Erika Rivero Almazán

Hace 15 días exactos que Eduardo Rivera Pérez empezó su gira de cafecitos y reuniones con todos los liderazgos panistas.

Todos.

A casi nadie le hizo el fuchi.

La decisión ya esta tomada, por supuesto, pero siempre comenzaba con el estribillo fijo de «¿Como verías si…», como si en verdad le importara su opinión.

Pero Lalo preguntaba sólo para saber las intenciones reales de sus interlocutores y si estarían dispuestos a apoyarlo.

Porque el Yunque salió de su ostracismo para poner las cartas sobre la mesa: enviar a Eduardo Rivera a buscar la candidatura para la gubernatura extraordinaria.

Le estorbaba el proyecto morenovallista de Luis Banck, pero ya no ( con la carta de renuncia al gabinete y a sus aspiraciones políticas que hizo publicas este domingo).

La reunion en el CEN con Marko Cortés fue la semana pasada, tal y como lo comentamos en este espacio. Y culminó con el «Tigre» Humberto Aguilar Coronado y Rafael Micalco.

No hay que perder de vista esta triada.

Le comentaré por qué.

Aunque en un momento se mencionó al Tigre como aspirante, en realidad nunca estuvo en sus planes. Es decir, si servía su nombre como para que el PAN hiciera el caldo gordo en la puja por la interina, lo iba a prestar, pero jamás jugaría la extraordinaria. ¿Por qué?, según sus propias palabras: «ni de wey me voy a una contienda a perder». Y es que Aguilar Coronado vive en el nirvana de la política panista: dinero, viajes, posición (sentado justo a la derecha de Marko), tiempo para estudiar en el extranjero y escribir libros… convertirse en un doctrinario de la derecha… ¿quién se quiere ensuciar los zapatos en una campaña en donde el PAN lleva todas las de perder?

Así que la triada arriba mencionada optó por cerrar filas: el Tigre como interlocutor directo del CEN, Rafael Micalco como operador del panismo en el interior del estado y Eduardo Rivera como el candidato a la extraordinaria.

Eso es a lo que realmente vino Marko a Puebla el pasado viernes. El resto fue una cortina de humo, incluyendo la patética rueda de prensa en donde no dijo absolutamente nada relevante… ah, si, que el accidente no había sido accidente…

En fin.

Cortés le dio la bendición a Eduardo Rivera para su propósito, que no es otro que recuperar el control del panismo y proyectar a sus alfiles en los puestos claves de poder en el estado.

Por el momento no alcanza para más.

Rivera no tiene un pelo de tonto.

Sabe que las posibilidades del Pan para levantarse con una victoria electoral en estos momentos son escasas, por no decir nulas.

Incluso Lalo se mantuvo estoico cuando cada interlocutor le recordaba lo bajo que se mantiene el Pan en el marcador de las preferencias electorales

«¿vas a ir otra vez a perder?» Le advirtieron, en referencia a su fallida campaña a la alcaldía de Puebla el pasado 1 de julio.

Por supuesto que Rivera no les dijo la verdad.

Es muy cruda como para reconocerla.

Así que respondió con oraciones ensayadas sobre la oportunidad para retener para el Pan la gubernatura, de que la unión hace la fuerza, de activar la estructura electoral del partido, del respaldo incondicional del CEN, y de que es ahora o no es nunca.

Jamás reconocerá que simplemente seguirá la doctrina de la organización: que el éxito radica en ganar el partido aunque se pierda el poder (o sea, la candidatura).

O que controlando al Pan, se podrá entonces negociar con el que llegue… como siempre ha sido.

Por que el Yunque, en verdad, nunca pierde.

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