Los Conjurados

Los Conjurados – Lo bueno, lo malo y lo feo del #9M

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Los Conjurados, la columna de Erika Rivero Almazán

Lo bueno:

1. México despertó, y el movimiento de mujeres nadie lo para. Solidarias, hermanas, nos abrazamos genuinamente compartiendo nuestro corazón roto, pero con los pies bien puestos sobre la tierra: las condiciones para nosotras y nuestras hijas deben ser diferentes. Lo sabemos, lo queremos y lo exigimos.

2. En donde había silencio y miedo, hoy se alza la voz y se pasa a la decisión, a la acción: es posible que el 40 por ciento de la fuerza laboral no saliera de su casa, lo que a su vez representa el 54 por ciento de la carga laboral. Los cálculos por pérdida económica pueden llegar a los 37 mil millones de pesos.
México se une así a las movilizaciones de mujeres en el mundo (un poco tarde pero ya lo hizo) como Islandia, Polonia, Argentina, etc.

3. Nuestro país, nuestro estado y nuestra ciudad jamás volverá a ser la misma después del #9M.
Amas de casa, prostitutas, médicas, periodistas, académicas… todas, la gran mayoría, nos negamos a salir a las calles, a la escuela, a las oficinas, al café, a la tienda. Nos organizamos un día antes para no salir al mundo. Fue triste, dolió… dolió explicar a las niñas el motivo por el que no iban a ir a la escuela: porque tienen un país, una ciudad, insegura para ellas. Y eso se debe acabar.

4. La solidaridad de los hombres: sin importar edad ni condición social, es impresionante el número de hombres que están asumiendo su rol masculino de manera más consciente y están dispuesto a cambiar herencias malditas. Entienden que entienden.
Que el machismo lacera a sus madres, compañeras y a sus hijas. Quieren un país diferente con ellos, y ya lo demostraron, en sus redes, en la marcha, en su trato, haciendo doble esfuerzo laboral ese lunes 9, alzando su voz de defensa y protección para sus mujeres, compartiendo tareas domésticas, participando en la crianza de sus hijos.
¡Bravo!
Porque sin ellos, no podríamos solas. El problema es de los dos, y en ambos géneros está la solución.

Lo malo:

1. Un presidente anacrónico, indiferente a los problemas de violencia de género. Colocar por encima del #9M la venta de los ‘cachitos’ de avión lastima… y mucho.

2. Así como hay hombres y mujeres conscientes, también hay quienes defienden la costumbre de ‘los machos-alfa’, que minimizan y menosprecian el movimiento.
Que se niegan a ver.
Que llevan la ley de la selva a sus hogares: el que llega a sentarse para ser atendido, el que grita y pega más fuerte. Él, el poderoso victimario. Ella, la víctima, sumisa y eterna. Ambos, los extremos de una misma vara. Los dos, provocadores del mismo problema. Pues de la misma herida. Dolorosa y abierta.

3. Que la indolencia e indiferencia presidencial signifique un recorte en el presupuesto para implementar las políticas públicas y de impartición de justicia enfocadas en contrarrestar la violencia de género, discriminación y feminicidios. Y esto incluye medidas de prevención, información, actualización y mejoría.

Lo feo:

1. Qué México despertó por provocación de una pesadilla: Ingrid y Fátima tuvieron que morir de una forma espantosa para obligarnos a gritar un desesperado «ya basta». Y peor: porque ellas engrosan la enorme lista de nombres, sin justicia, ni paz.

2. Que el anacronismo del presidente Andrés Manuel López Obrador inspire o contagie al resto de los poderes, o de los poderosos: jueces, gobernadores, diputados y demás clase política a seguir sus pasos.

3. La amenaza inmediata es que la impunidad que ya existe se prolongue.
Que nos acostumbremos a ella.
En este país se investigan menos del 20 por ciento de los casos etiquetados como feminicidios, y la enorme mayoría, quedan impunes.
El asesino, violador, golpeador y represor continúa en las calles, buscando a su siguiente presa, mientras que las familias de la víctima quedan desarticuladas: destrozadas.
Si esto pasa con casos alarmantes como un feminicidio, mejor no hablemos de la violación y demás formas de violencia contra las mujeres. Total, impunidad.
Es común que funcionarios en los Ministerio Público les aconsejen a las mujeres ultrajadas: «mejor regrésese a su casa y perdone a su marido».

4. Que se meta raja política o religiosa en esto.
Es asqueroso.
Los mensajes en redes sociales desaprobando el movimiento porque «Dios castiga a las asesinas de bebés» es torpe, ignorante y anacrónico.
Se busca confundir y mal informar: la violencia contra las mujeres no es un asunto político o religioso: es un problema social de niveles intolerables.

5. Lo que nos lleva al penoso callejón de los extremos: por un lado, feministas ultras que golpean a mujeres policías y utilizan la violencia para llamar la atención a costa del dolor de otros y, por el otro, el de los conservadores ultras que afirman que «las feminazis» serán castigadas por sus pecados y defender el aborto, o que las mujeres «fáciles» son las víctimas de feminicidio. Ambas posturas son dantescas. Atroces. Los extremos y antagonismo dividen y desinformar. Ingrid, Fátima y miles y miles de mujeres masacradas no merecen eso.

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