Los Conjurados: Tony Gali rompe con el PAN

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Erika Rivero Almazán

Se los dijo de frente.

A lo macho, pues.

Para que no quedara lugar a dudas.

En una reunión privada con los galistas y simpatizantes, el exgobernador Tony Gali, él mismo disolvió una duda que ya se añejaba: “se terminaron los acuerdos con el Pan”.

Por supuesto, para el grupo político no fue ninguna novedad: el distanciamiento con los morenovallistas tuvo sus consecuencias desde la llegada de Tony a la gubernatura y se concretó con la casi nula interlocución entre él y la candidata Martha Erika Alonso.

Ni qué decir el 1 de julio: los morenovallistas quemaron a los galistas en leña verde bajo el calificativo de “traidores” por no “operar” el día D a favor de Alonso, o incluso peor, frenarla.

El gesto público en el día de la unción de Martha Erika quedó grabado en piedra: Rafael Moreno Valle evitó a toda costa saludar a Tony.

Claro que los grupos estaban divididos.

Pero jamás divorciados.

Todavía los unía dos delgados hilo: los compromisos políticos y las siglas que los llevaron al poder: PAN.

Transcurrió la tragedia por todos conocida.

Y el destino dejó a un único morenovallista que dejó de serlo para comandar su propio grupo.

Porque al resto no le alcanzó para tal hazaña: Luis Banck, Jorge Aguilar Chedraui, Patricia Leal, por mencionar a algunos fieles al extinto gobernador.

Y que detestaban a Gali.

Por cierto.

Fueron ellos quienes con dedo de fuego lo acusaron de sostener una “cercanía sospechosa” con el entonces candidato Andrés Manuel Lopez Obrador, quien ya siendo presidente electo no tuvo empacho de expresar públicamente en la boda fifí de César Yáñez Centeno, su brazo derecho (celebrada en la capilla del Rosario, en Puebla), que Tony “es mi amigo y está sentado aquí con nosotros porque es un hombre decente”.

Incluso, Gali firmó como testigo en la boda y fue acogido como parte de la burbuja lopezobradorista.

Y aunque Tony se bajó del tren de la vida publica un par de meses tras terminar su mandato, su regreso fue inminente al encabezar la reunión con los partidos políticos pequeños, la chiquillada, que formó la coalición Por Puebla al Frente, cuyos líderes declararon su indignación con el PAN al ignorarlos en la reunión que sostuvo Marko Cortés con panistas poblanos:

“Si no fuera por nosotros el PAN jamás hubiera ganado. Ellos jamás han ganado solos una elección “, expuso Fernando Morales, presidente estatal de Movimiento Ciudadano, partido que al igual que el PSI, Nueva Alianza y PRD no descartaron, tras la amenaza de ruptura con el Pan, formar una alianza con MORENA.

La cereza del pastel fue la votación de los diputados del PAN para apoyar a Guillermo Pacheco Pulido como gobernador interino, echando por tierra la orden de Marko Cortés para apoyar al morenovallistas Jesús Rodríguez Almeida.

Cortés exigió a Genoveva Huerta que destruyera como coordinador de bancada a Marcelo García Almaguer, morenovallistas convertido al galicismo.

Fue cuando Tony Gali intentó promover a su sobrino, Oswaldo Jiménez Lopez, sin embargo, el contraataque del yunque se resintió cuando el presidente del PAN municipal, Pablo Rodríguez Regordosa impuso a su esposa, Mónica Rodríguez Della Vecchia.

De ahí que en las elecciones de Juntas Auxiliares de la semana pasada, el panismo descafeinado de Genoveva Huerta, no ganara ni una. Claro, sin apoyo, ni estructura ni dinero, las células del poderoso panismo de otrora, se sintieron huérfanas.

Pero ojo, las auxiliares que respaldó Tony lograron el triunfo.

En pocas palabras, es el PAN de Tony (por así llamarlo) el que dio batalla en una elección que antecede a la extraordinaria del 2 de julio.

Es decir: Gali tiene fichas para jugar.

Ya demostró que las sabe utilizar.

Y no dudará en usarlas.

¿A favor de qué aliado?

Sus antecedentes priístas, su habilidad política para conciliar, escuchar y dirimir lo hace admisible a ése grupo.

Tiene amigos poderosos no sólo en MORENA, sino directamente con AMLO.

¿Jugará con MORENA?

Todo parece indicar que sí.

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