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Los Rituales del caos: ¿Buscan quitar de la presidencia a Claudia Rivera?

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La inestabilidad que se vive en el Ayuntamiento de Puebla es consecuencia de los propios yerros cometidos por la administración de la presidenta municipal, pero también del intento de personajes por quitar a la edil del poder…el enemigo está en casa

Erick Almanza

Tómelo con sus reservas, pero en la esfera del poder circula fuertemente la versión de que los graves problemas por los que atraviesa el actual gobierno municipal no son consecuencia exclusiva de los yerros de la administración encabezada por Claudia Rivera Vivanco, sino que forman parte del fuego amigo que se vive en Morena, en un intento por quitar del poder a la actual edil.

Es en este contexto que se entiende la reunión de la Presidenta Municipal con el excandidato de Morena al gobierno de Puebla, Luis Miguel Barbosa. Lo que realmente pasó en el encuentro se mantiene en total secreto, más allá del discurso oficial y el manejo mediático de que se limaron asperezas.

Gente del Ayuntamiento cuenta a este reportero que en realidad se trató de una acción desesperada de la edil porque se frenaran las acciones que están complicando la labor de la comuna, en muchos casos por parte de operadores políticos de distintos grupos que, por ejemplo, quebraron el proceso de renovación de las juntas auxiliares, y de lo cual NG Noticias le dio oportuna cuenta.

¿Ya leíste? No existe fuego amigo contra Claudia Rivera, asegura diputado de Morena

En resumen, el enemigo está en casa, no sólo por los que con dolo buscan sabotear la administración, sino también por parte de aquellos que ponen más leña al fuego con su actuar, aunque se presumen como aliados de la Presidenta … y Claudia lo sabe.

La hipótesis no es descabellada, máxime cuando es bien sabido que mucha gente en el Cabildo y en su propio gabinete, no persiguen el mismo fin que la alcaldesa.

El antecedente

La munícipe priorizó un sentido de integración de los diferentes grupos en su gobierno, no por su capacidad sino en la búsqueda de ser institucional con el Movimiento de Regeneración Nacional, lo cual hubiera funcionado de haber dado un oportuno manotazo sobre la mesa desde un principio que hiciera entender a todos quién era la cabeza del proyecto.

Ello no sucedió, y desde la integración del cabildo dio entrada a personajes ajenos a su proyecto, y que obedecían a otros intereses, Luis González Acosta y Libertad Aguirre, por parte de Alejandro Armenta; Roberto Elí Esponda por parte de Fernando Manzanilla ; Rosa Márquez, Eduardo Covián, Cinthya Juárez y Edson Cortés por parte de Luis Miguel Barbosa.

Con los barbosistas la división se dio por no apoyar abiertamente al ahora precandidato en su tragicomedia post electoral, pues aunque Rivera respaldó la teoría del fraude e incluso participó en la marcha a favor de Barbosa, no siguió sus instrucciones de no reunirse con el entonces gobernador de Puebla, Antonio Gali Fayad.

El cabildo está fragmentado y ello ha provocado que en más de una ocasión se hayan frenado proyectos o han estado a punto de hacerlo, al sumarse a la votación del PAN y el PRI en contra de iniciativas de Claudia Rivera.

Ejemplos hay varios, una muestra fue la ley de ingresos del gobierno municipal que se postergó hasta el límite en 2018, pues, cuentan al interior del propio cabildo que los regidores se negaron a aprobarla hasta que se les diera cuenta de un bono de desempeño destinado para los integrantes de este cuerpo colegiado, el cual ya había dejado acordado Luis Banck, un fondo difícil de rastrear pues no está etiquetado como tal y que ascendería a seis millones de pesos en diferentes partidas para todo el año, a entregar a todos los regidores sin distingo de partido, incluyendo obviamente a la gente de la cuarta transformación que alzó la voz.

Al interior del gobierno municipal, algunas fuentes confiaron a este reportero que la pugna no era por el dinero en sí, sino por el poder y el reclamo ante el manejo discrecional que se pretendía hacer del capital y que misteriosamente, tras semanas de acuerdos entrampados, apareció en Gobernación, pese a que sistemáticamente se negó la existencia del citado capital.

Luego vino la aprobación del dictamen de la entrega recepción, en donde la votación en el Cabildo estuvo a punto de quedar empatada y que finalmente fue de 11 votos a favor, 10 en contra y una abstención (amén de que a esa sesión no acudió el galista Jacobo Ordaz, quien hubiera sido el fiel de la balanza). Luego sucedió algo similar con la aprobación de los plebiscitos para renovar las juntas auxiliares.

Pero no es sólo el Cabildo. Antes de asumir la presidencia, en el proceso de entrega recepción, quien sería su secretario de Administración, Leobardo Rodríguez Juárez (gente de Guillermo Aréchiga), puso en dificultades a la actual presidenta municipal cuando, ante la presión que comenzaban a ejercer los regidores, tuvo la brillante idea de decir «mándenles unas protestas para que se alineen. No necesitamos a los regidores para gobernar».

Las palabras llegaron a oídos de los integrantes del Cabildo, lo cual perjudicó aún más la relación de la alcaldesa con este cuerpo colegiado pues, a final de cuentas, también hay una disputa de egos… una hoguera de vanidades.

Muchas historias más se tejen al interior del gobierno municipal que empantanan el trabajo del Ayuntamiento. Sí, hay muchos errores, pero también mucho dolo para complicar a la administración.

Lo que no han entendido quienes buscan derrocar a Claudia Rivera, es que si a la ciudad le va mal a todos nos va mal. A ello hay que sumar que aún si lograran su cometido de sacar a Rivera, se enfrentarían a un desafío mayor pues su suplente es Argelia Arriaga, hija del activista asesinado Joel Arriaga, y a diferencia de la actual edil, la señalada es difícil de doblegar.

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