Los Rituales

Los rituales del caos: Claudia Rivera quedó fuera

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Erick Almanza

¿Claudia Rivera aún gobierna la ciudad? ¿Alguna vez lo hizo? ¿Cómo evaluar lo que ha transcurrido de su trienio? ¿Aún tiene futuro político en el corto plazo?

Pareciera que las respuestas a todas estas interrogantes son negativas.

Desde un inicio tuvo una mala relación con el actual gobernador Luís Miguel Barbosa y en estas semanas esto no pudo ser más evidente.

Desde hace meses en este espacio le adelantábamos que el gobierno estatal tomaría las riendas del combate a la inseguridad en la ciudad y parecía que, por salvar su administración, la edil lo había asumido, máxime ante la evaluación que hizo el Inegi a la percepción ciudadana sobre la inseguridad, que fue negativa en el 92.7 de los encuestados.

Por eso no extrañó que tras un primer encuentro en este año entre Barbosa y Rivera, el ejecutivo estatal anunciara cambios en esta área en la administración municipal (aunque ello mostrara una intervención a la autonomía que tienen los Ayuntamientos), pero desde ahí se percibió que algo no estaba bien pues Claudia Rivera dijo públicamente que la secretaria de Seguridad Ciudadana, Lourdes Rosales, simplemente no se iría. Tras una serie de declaraciones la rebeldía fue quedando de lado, pero la herida nunca sanó.

En las protestas de miles de estudiantes en los meses de febrero y marzo por el tema de la inseguridad la edil no fue considerada para las mesas de diálogo, mucho menos la Secretaria de Seguridad. Quien sí estuvo presente fue Carla Morales Aguilar, quien ha fungido como coordinadora del Centro de Control, Comando, Comunicaciones y Cómputo (C5).

Resulta que en esas mesas se les adelantó a los universitarios que esta funcionaria sería la nueva encargada de la seguridad en el municipio. Para hacer más evidente el desplante, fue el jefe del ejecutivo quien anunció la salida de Rosales.

Pero Claudia Rivera nuevamente se reveló y se ausentó en la sesión de cabildo donde se haría oficial el enroque. Entonces Barbosa sostuvo que tenía la atribución para designar a  Morales Aguilar como delegada de seguridad en el municipio de Puebla, independiente de que el Cabildo lo formalizara en una sesión.

«Yo ya emití el oficio dirigido a la alcaldesa donde, de acuerdo a mi atribución constitucional como gobernador, he designado como delegada para desempeñar esa función a la licenciada Carla Morales», dijo.

¡¡Pufffffff!! Cero poder de decisión para la edil.

Para rematar se dio una nueva desavenencia por el tema del coronavirus, pues Claudia anunció el cese de actividades masivas y la cancelación de eventos ante la contingencia, y Barbosa le llamó la atención públicamente al señalar, a través de su secretario de Gobernación, David Méndez, que la edil debía actuar con institucionalidad y responsabilidad en este tema y no había necesidad de cancelar eventos.

Un día después la realidad los superó y tuvieron que recular, pero políticamente dejó en evidencia qué tan grande es la fractura entre autoridades.

De lo que poco se ha hablado es de la relación de Claudia Rivera con el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, la cual podría salvar su carrera política si el Peje diera un manotazo a su favor, pero muchos se preguntan si aún la respalda cuando le llevó la contra en el paro femenino del 9 de marzo y cuando, en los datos, se muestra que hoy la primera presidenta municipal de izquierda es más un pasivo que un activo para la 4T.

Rivera fue una buena activista, el problema es que no entendió su papel como presidenta, mostrando que no es lo mismo ser borracho que cantinero.

Créalo o no, a pesar de todo ello Claudia Rivera aún piensa que la reelección es una posibilidad para ella. El chiste se cuenta solo.

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