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Los rituales del caos: Morena…perder ganando

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Barbosa mantiene la ventaja que le dio la marca Morena, la cual, por sí sola parece garantizarle la victoria ¿era entonces necesaria la rudeza y el desgaste de su actual campaña?. El candidato de Morena se aproxima a la victoria, pero su estrategia fue muy arriesgada y puede cobrarle altas facturas

Erick Almanza
A menos que sucediera un hecho apocalíptico para la gente del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), parece un hecho que Luis Miguel Barbosa ganará las elecciones del 2 de junio y será el próximo gobernador de Puebla, pues las tendencias simplemente no han variado de manera significativa a lo largo de la campaña, manteniendo la ventaja del exsenador en por lo menos 20 puntos porcentuales.
Las causas de ello son diversas, pero es innegable que aún cuando pesan los errores de coordinación y estrategia de los candidatos del PRI y el PAN, así como las traiciones al interior de sus institutos políticos, lo que está haciendo la diferencia es el posicionamiento de la marca de sus partidos.
Desde el 17 de enero, y antes que cualquier otro medio de comunicación, Ng Noticias le dio a conocer que el PAN se encontraba con un 20 por ciento de preferencias electorales, mientras que Morena superaba el 50. Al momento las cosas no han cambiado, y aunque hay muchas equivocaciones y poca coordinación entre el equipo de campaña del candidato ciudadano, la realidad es que al comparar los números del principio de año con los actuales, no hay una variación significativa, lo que hace presumir que sigue siendo la marca la que domina, pues Morena es relacionada en con Andrés Manuel López Obrador – quien aún mantiene una alta aceptación – mientras que el PAN es relacionado con el vapuleado morenovallismo.
Es cierto que Enrique Cárdenas también es respaldado, por el PRD y Movimiento Ciudadano, pero en los números es pírrica la aportación de ambos institutos, amén de que en la realidad son pocos los militantes de los dos partidos que  hacen campaña por el académico.
Hay otros elementos que, a decir de los involucrados, también frenaron cualquier posibilidad de un mejor resultado, y entre ellos está que nunca hubo recurso sustancioso como para operar.
En resumen, el candidato, como personaje, no aportó lo necesario para subir los números pero tampoco es endosable exclusivamente a su persona el mal resultado que se prevé obtener.
Por su parte, la figura de Luis Miguel Barbosa también ha significado un activo, pero en las mediciones que se hacían de él, comparándolo con Alejandro Armenta y Nancy de la Sierra, no apuntaban a una ventaja abrumadora sobre los otros dos personajes, quienes también superaban por más de 20 puntos al candidato del albiazul (midiendo en ese entonces a Eduardo Rivera). Es decir, el triunfo no es endosable tampoco al candidato.
En resumen, en el caso de Morena el candidato abona a tener buenos números, pero la causa real de la victoria que se anticipa es la marca del instituto político.
Ante ello se observa que Morena por sí sólo, desde un principio tenía lo necesario para alcanzar la victoria, no importando quién fuera el candidato, ergo, no necesitaba desgastarse.
Sin embargo, la premisa en el equipo de Barbosa no es sólo ganar sino hacerlo contundentemente… aplastar con todo. La pregunta es ¿para qué y a costa de qué?.
Barbosa lleva más de año y medio de desgaste físico, primero por la campaña de 2018, luego por la judicialización de la elección, y ahora con otra campaña en la que diariamente hay giras de sol a sol, ¿era necesario desgastar tanto al candidato, quien aún deberá soportar el peso de un gobierno por poco más de cinco años?.
Asimismo, y sin afirmar que se han superado los topes de campaña, lo que es un hecho es que hay un gasto oneroso en la estrategia del candidato de Morena, justo por las giras y la cantidad de espectaculares que se observan en la entidad, con la imagen del exsenador. Nuevamente la pregunta: ¿era necesario?.
A ello se suma el problema que enfrentará Barbosa al abrir la puerta a morenovallistas, priistas y a todos aquellos que buscan «hueso» y que a cambio de ello dieron la espalda a los institutos que impulsaron el origen de su ingreso al círculo rojo. Morena ha hecho  compromisos con gente a la que antes se criticaba y que le respondían de la misma forma, como Leobardo Soto, el Consejo taxista o los «líderes» magisteriales, además de sumar a gente como Gerardo Islas o Vanesa Barahona, entre otros personajes ajenos a la ideología de Morena.
Amén de ello se ha prometido a la actual administración interina que la mayor parte del gabinete se mantendrá en el próximo gobierno (según afirman a este reportero, miembros de la actual administración). ¿Cómo dará espacio a todos? ¿Cómo evitar a las viudas del poder?.
Como punto no menos importante están también los ataques discursivos, así como en campañas en redes y en medios que se han vuelto cómodos, los cuales a diestra y siniestra arremeten contra el exrector de la Udlap con editoriales disfrazadas de notas informativas. ¿Realmente era necesario enfocar esfuerzos en ello?.
Hoy en día hasta los panistas saben quién tiene más posibilidades de ganar los comicios y su meta verdadera es poder obtener el triunfo en la capital aunque se pierda la elección al interior del Estado. La gente de Barbosa parece empeñarse en que no lo logren.
Sí, la elección es una pelea y es entendible que no haya pasividad, pero en cualquier enfrentamiento la parte que lleva mayores posibilidades de victoria debe saber administrarse pues la rudeza innecesaria puede terminar por cobrarle altas facturas que bien pudieron evitarse.
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