Nuestro hastío Verónica Mastretta

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LA COLUMNA DE VERÓNICA MASTRETTA

La palabra hastío tiene varios significados. En el diccionario de la Real Academia Española lo equiparan con el hartazgo de comida, pero también es sinónimo de tedio, disgusto, cansancio, agotamiento, hartazgo o aburrimiento con respecto a  personas, cosas o situaciones . El hastío surge cuando algo causa molestia o cuando no se halla nada que motive, ilustre, divierta o enriquezca.

La persona que sufre hastío siente que el tiempo no transcurre, las cosas no cambian y que no existe nada capaz de motivarlo. Si el hastío y lo que lo produce se sostiene mucho tiempo , es probable que los seres que lo padecen terminen abiertamente deprimidos, o tomados por algo más sutil , sumidos en la indiferencia. La indiferencia es una peligrosa sensación de sordera o ceguera ante lo que nos rodea. Y digo peligrosa porque la indiferencia puede ser paralizante. Ahí estás, sumido en algo que no te gusta pero que tampoco tienes el poder de modificar.

También puede haber hastíos colectivos y esos los puede producir el entorno social. Un entorno sostenido adverso te acaba agotando. Cuando sabes que una situación, por complicada que sea, tendrá una fecha límite para terminar, de alguna manera te programas para tolerarlo. Cuando no ves salida a un infortunio,o este regresa a ti después de haberlo superado,  te hastías.

El año pasado fue intenso desde el punto de vista político. El sentimiento dominante era el hastío hacia lo que nos parecía ya intolerable, que eran los abusos de muchos gobernantes, con sus honrosas excepciones. Así, hartos o con indiferencia,  llegamos a una elección que además en algunos estados implicaba, como en el caso de Puebla,  no solo elegir al presidente de México , a los senadores  y a la cámara de diputados federal, sino también elegir  gobernador, diputados locales y las presidencias municipales.

Imposible escapar o sustraerse de las campañas electorales del montón de partidos que compitieron, todos  dotados de enorme capacidad de fuego mediático gracias a los dinerales a los que pueden acceder y a los millones de anuncios gratuitos que la ley electoral les regaló en una de sus múltiples modificaciones. Hay estados particularmente atosigados por las campañas y uno de esos fue, y sigue siendo, Puebla.

Para cumplir con la homologación del calendario electoral  que  emparejó las elecciones estatales con las federales, el entonces gobernador Rafael Moreno Valle modificó desde el congreso local lo que hiciera falta en las reglas para que su sucesor directo solo gobernara un año y ocho meses, de manera que después de ese cambio, en el 2018, pudiera ser candidata al gobierno estatal su esposa Martha Erika Alonso, la única persona en la que realmente confiaba. Fue así que en 2016 tuvimos elecciones para elegir a un gobernador que todos sabíamos que sería el candidato de Moreno Valle. En ese momento su grupo era invencible. Tan lejos y tan cerca el 2016. Ni a Tony Gali le gustó esa decisión. En estados como Tlaxcala se eligió en 2016 a un gobernador por cuatro años y ocho meses . Aquí solo hubo la “mini gubernatura”.Un tiradero de dinero y de  promesas incumplibles para menos de dos años. ¿Cuántas cosas serían distintas si no se hubiera encaprichado Moreno Valle con esa decisión?

Pero estamos hablando del hastío. En Puebla estamos hastiados,empachados de procesos electorales,  y no es para menos. 
Desde 2015 empezaron las campañas disfrazadas de pre-campañas. Aquí en Puebla los que querían la mini gubernatura las hicieron a su manera. Siempre puede más el que  ostenta el poder. Desde lo federal y lo local, disfrazado de propaganda política institucional o disfrazada de logros gubernamentales, todos  los que pudieron le dieron la vuelta a la ley.  Hastío es saber que el que puede, la hace. La ciudadanía fue sometida a un doble bombardeo mediático, desde lo nacional y desde lo local. 

Ya en 2016 llegaron las campañas formales para elegir al mini gobernador de Puebla.Solo fue la continuidad de lo que ya venían haciendo, unos más, otros menos. No por casualidad se decía que Moreno Valle era el político con más liquidez del país. Lo vimos reflejado en sus campañas: dinero como arroz. Hubo  cinco candidatos, cada uno con su revoltura particular de partidotes y partiditos. Cinco candidatos pero uno con franca ventaja . Elección entre bostezos de los electores, porque  se daba por ganador anticipado al candidato Gali. Nunca se inscribió ni en el PRI ,ni en el PAN, ni en el PRD , aunque por esas épocas su corbata fue rigurosamente azul. Obvio, ganó. 

En el último tercio de 2017, a poco más de un año de haber elegido gobernador , empezaron de nuevo las pre campañas para la nueva elección de 2018. La elección larga, la buena.  Todo el menú propagandístico para todos los cargos:  espectaculares, spots en radio y tele, entrevistas, mítines, bardas pintarrajeadas,el transporte público con caras de los pre candidatos, bolsas, sombrillas, playeras, cachuchas,tinacos, despensas. Ya desde entonces, ante la fuerza emergente de las banderas guindas y el poco espacio que dejaba Moreno Valle a los que no fueran de su equipo,  empezaron a florecer las alianzas, las traiciones, las deserciones, la cargada.   Una vez definidas las candidaturas partidistas y eliminadas las independientes por la asfixiante ley electoral local,  otra vez cinco candidatos a gobernador compitieron por Puebla. El escenario fue completamente distinto a la elección de 2016.  En solo dos años, una mirada a las bardas y a los anuncios en el transporte público fueron el indicador de que Puebla estaba siendo peleada casa por casa, calle por calle, taxi por taxi, y peleado también en el nuevo terreno de guerra, el de  las redes sociales, que permanecieron incendiadas durante toda la elección. Las encuestas eran claras con respecto a quien ganaría la presidencia, y de nariz con nariz con respecto a la gubernatura poblana, aunque en voz baja, los propios panistas afirmaban que en las encuestas que tenían, perderían la elección.Los priistas de cepa la supieron perdida desde antes de escoger candidatos. Algunos aceptaron competir por pura lealtad a su partido.  A  Ricardo Anaya lo desparecieron de la campaña panista local. Para el PAN de Puebla no hubo candidato presidencial. La estrategia  final de Moreno Valle fue salvar  a la reina. Si de algo sabía era de operación política y aunque supo que perdería el control  del congreso local, no imaginó por cuánto. Él ya tenía su plurinominal al senado en la bolsa. Desde ahí se preparaba para librar una nueva batalla hacia el 2024. Jamás fue una persona que pensara a corto plazo.    

En Puebla ganó la presidencia Andrés Manuel, como en 2006 y 2012.Pero a diferencia de esos años, ya con su nuevo partido ganó también casi todas las diputaciones locales y federales, el senado, las ciudades más importantes del estado y en especial la capital y los ocho municipios conurbados. Por eso fue atípico el resultado de la gubernatura . La legalidad y la certeza de la elección quedaron gravemente vulneradas por la violencia de la jornada electoral en Puebla,  violencia de la cuál jamás se presentaron culpables .Tan atípico que acabó en los tribunales. Cinco largos meses de dimes , diretes, visitas a los jueces de parte de los contendientes y un controvertido y manoseado fallo emitido en vísperas del tiempo límite. Por supuesto,todo aderezado por la polarización política y social y una larga incertidumbre.

Luego vendrían los 10 días de gobierno de Martha Erika, la breve certeza de que el capítulo había quedado cerrado,  y  luego la trágica e inesperada caída del Augusta. 

Después de Moreno Valle llegó el diluvio para el panismo poblano.La zona de incómodo confort en la que él controlaba todo, terminó.  Finalmente fue nombrado como interino para cinco meses un priísta que nunca  negó la cruz de su parroquia,  Guillermo Pacheco Pulido, propuesto por un sagaz diputado de Morena y  electo en el congreso local por 40 votos, incluidos los de todo el bloque panista. A todos los actores los conocía Pacheco como la palma de su mano.

Se convocó a elecciones para el 2 de Junio de 2019.   

En menos de dos años y medio estamos ya en la tercera elección para gobernador. Están de regreso las bonitas pre campañas, las  dirigidas a los militantes del partido pero que todos veremos y oiremos a fuerza, a menos de ser sordos o ciegos. Los espectaculares que hace dos años y medio tenían las caras de los candidatos de Moreno Valle cruzados del soberbio azul panista, hoy tienen las caras de los pre-candidatos de Morena y el color guinda de Morena. Y es lógico. Ahí se está jugando ahorita la elección. Por eso en Morena se están matando por la candidatura. Sobra esta batalla, dado que el candidato obligado, por mínima congruencia con lo que defendieron en los tribunales, tendría que ser Luis Miguel Barbosa.

En el panismo pondrán a un candidato de “unidad”, aunque no se sabe qué es lo que unirán y con qué pegamento, porque el del dinero se acabó. Los partidos que Moreno Valle tuvo en su mano no son nada sin él.  Los perfiles panistas que hubieran podido ser un poco más competitivos, han declinado con rapidez. Han leído bien el momento de tocar retirada. Uno de los tres candidatos con los que el PAN buscará competir ha dicho que “el PAN dará la batalla para impedir que el PRI disfrazado de Morena llegue al gobierno”. Me permito recordarle que eso fue exactamente lo que sucedió en 2010, cuando Moreno Valle fue de candidato por el PAN. Creímos, y me incluyo, que habría alternancia. No señor mío. No la hubo. Solo hubo cambio de escudos y colores.

Por otro lado, el PRI está pensando si manda candidato y no dudaría que al final se unieran al candidato de Morena. Sus aliados del verde volaron con sus alitas de tucán a Morena y a los del Panal los mató la elección del 2018, aunque varios se mudaron a la casa triunfante antes de que los arrollara el tren

¿Tiene algún caso verlos competir?  Contemplaremos  aburridos el simulacro de una contienda inexistente. Moriremos de hastío.O crearemos un mundo. Kierkeegard y Nietzsche sostenían que Dios creo el mundo para abatir su hastío. ¿Qué haremos con el nuestro?       

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