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Resistieron el sismo, ahora se enfrentan al Covid -19

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La casa de doña Filomena Macedo se derrumbó durante el sismo de hace tres años, hoy aún no tiene donde vivir porque la que le reconstruyeron tiene goteras. Además, recientemente murió su marido a causa de neumonía

Mayra Flores

Filomena Macedo, de 54 años, sepultó a su esposo apenas la semana pasada pues murió de neumonía en medio de la contingencia sanitaria por el Covid -19 y ahora junto con sus cuñados e hijos trata de salvarle la vida a su suegro, quien se encuentra delicado a causa del mismo padecimiento.

Por el momento viven con familiares porque su casa se derrumbó durante el sismo del 2017 y aunque les construyeron una nueva no está en condiciones para habitarla porque “por todos lados escurre”.

La mujer recibió a NG noticias en lo que fue su vivienda en San Antonio Tlatenco, una junta auxiliar de San Lorenzo Chiautzingo, en donde varios de los afectados por el movimiento telúrico de aquel 19 de septiembre de 2017 no han logrado sobreponerse a las pérdidas materiales y ahora lidian con los problemas económicos y de salud provocados por la pandemia del coronavirus.

En la puerta de la vivienda se observan dos moños negros, que dan cuenta de la muerte de la suegra y el marido de la mujer dedicada a las labores del hogar, a prestar sus servicios como cocinera en el pueblo y de ahora en adelante a trabajar de lleno en el campo, pues se ha quedado viuda y varios de sus cinco hijos dependen de ella, en especial la menor de 13 años.

Doña Filomena contó que su marido era albañil y se quedó sin trabajo desde marzo a causa de la contingencia sanitaria, por lo que no pudo más con la presión de no tener dinero para mantener a la familia y aceptó un trabajo temporal en la cabecera municipal pese a que estaba convaleciente de neumonía. La desesperación lo llevó a descuidarse y aun cuando su estado de salud empeoró se resistía a ir al médico porque no tenía para pagarlo.

A mi esposo tal vez eso lo mató, porque no trabajaba, lo llevamos al doctor y le dije vamos otra vez, pero dijo ya no, no tenemos dinero (…) Se aguantó así, entonces cuando llegó el momento que dijo llévenme al doctor ya fue muy tarde”.

La señora compartió que durante el fin de semana en que su marido se puso grave no encontraron médico que lo pudiera atender en el pueblo porque requería equipo del que no disponen los consultorios del rumbo y aunque pretendían trasladarlo a Huejotzingo él les pidió que ya no gastaran y lo llevaran a morir a su casa.

Frente a la vivienda que una fundación les construyó y donó tras el sismo del 2017, explicó que uno de los pendientes que tenía su esposo era arreglar el techo para que pudieran habitarla, porque está llena de goteras.

Nos mostró el cuarto de adobe que se derrumbó a causa del movimiento telúrico, se trata de una construcción que colindaba con la calle y de la cual ahora solo queda una barda interior con una puerta que cierra con una tranca.

Nosotros no estábamos, andábamos trabajando en el campo cuando sentimos que tembló, entonces nos venimos para la casa y ya llegando vimos que se había caído, aquí teníamos el ropero, la cama, nuestras cosas pues, pero todo lo aplastó el techo”.

Doña Filomena contó que una fundación donó cinco casas nuevas para algunas de las familias afectadas por el sismo en Chiautzingo y la suya fue una de las beneficiadas, pero también la única que recibió una vivienda inhabitable a la que no le quisieron hacer ajustes pese a que su esposo, con conocimientos de albañilería, lo pidió.

Nuestra idea era que nos construyeran lo que se cayó, pero dijeron que no porque las casas ya venían con medidas, entonces dijimos bueno dirán que regalado y todavía al gusto, por eso fincaron atrás del horno y del temazcal que tenían mis suegros. Mi esposo les decía que el techo no iba a servir así, pero ellos dijeron que sí, que con impermeabilizante quedaba y mire salió peor”.

Nos mostró una bodega improvisada que su marido construyó encimando tabiques y láminas pues la habitación tampoco fue tomada en cuenta en la reconstrucción. En el resto del predio hay un par de cuartos que si resistieron al sismo pero que no ocupan porque son insuficientes para toda la familia.

Con tono de resignación, dijo que solo espera que su suegro logre sobreponerse a la enfermedad y que a sus hijos y cuñadas les vaya mejor en el trabajo para poder arreglar la casa y finalmente ocuparla, porque por ahora está “húmeda, fría y necesitamos algo calientito, por los que están enfermos”.

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