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Salvar vidas ¿la prioridad? : Oswaldo Jiménez

El jueves 17 de octubre de 2019 elementos de la fuerzas armadas capturaron a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín (el Chapo) Guzmán.

Minutos más tarde, en un hecho inverosímil, fue liberado por órdenes del presidente de México.

Bocas abiertas ante el asombro generalizado preguntaban, ¿qué pasó? ¿Porqué si lo detuvieron, después lo soltaron?

Una gran cantidad de análisis y comentarios en editoriales, radio y televisión, coincidían en que el Estado Mexicano se había rendido ante el crimen organizado. Es el Estado fallido, concluyeron.

Hubo un silencio de varios días por parte de ejecutivo, quien finalmente el 22 de octubre, respecto a este hecho, dijo: “Si se considera que se cometió un ilícito de mi parte, que se proceda legalmente…y yo voy (esteee) a argumentar el por qué actué de la manera como lo hice… yo pienso, que por encima de las leyes está la vida humana…y repito, no es un asunto deeee de tipo legal, juridico…no es un asunto que tenga que ver con el derecho, tiene que ver con la justicia.”

También dijo que se sentía muy bien con su conciencia.

Los seguidores del presidente salieron de la cloaca donde se metieron durante los días que transcurrieron entre la liberación de Ovidio y la declaración presidencial.

Una vez que su líder marcó la línea discursiva sintieron alivio y salieron a gritar a los cuatro vientos: “humanista”, “sensible”, “por fin un presidente que ve por la vida de las personas antes que por la detención de un hombre”; ”el presidente salvó cientos de vidas al liberar a Ovidio.”

Todos estos argumentos resultaban falaces pues al tener en libertad a un capo, potencialmente está permitiendo que asesinen con armas o con drogas a mucho más personas de las que dicen que salvó con su decisión. Pero lo importante es que ya tenían cómo defender una de las peores decisiones del presidente.

¿Porqué hago esta referencia?

Porque ese presidente, el que salva vidas, el que dice que la vida humana es lo más importante, es el que necesitamos en este momento en el que México atraviesa la peor etapa de la pandemia.

El presidente nuevamente claudicó, otra vez rindió al Estado Mexicano pero ahora ante un virus. Simplemente no pudo, no supo qué hacer.

Un manejo torpe, por decir lo menos, de la situación durante tres meses, una conducción del país con mensajes contradictorios y mentiras, muchas mentiras, terminaron con un mensaje igual de torpe y precipitado.

Salgan a hacer su vida normal, no tengan miedo, ya todos sabemos como cuidarnos”.

Todo esto rematado por un absurdo decálogo lleno de ocurrencias y que en nada contribuye a enfrentar la situación.

El presidente mandó a la población al matadero. No privilegió la vida humana, como según él lo hizo al liberar a Ovidio.

El presidente, al ver que el país va rumbo a la peor crisis económica de la que se tenga memoria y –en consecuencia–, la falta de recursos vía impuestos que le impedirían concretar sus planes de perpetuarse en el poder, optó por claudicar a la principal función del Estado: proteger la vida de su población.

Ante una situación completamente diferente, en la que tuvo la oportunidad de mantener su argumento de salvar vidas humanas, tomó una decisión completamente opuesta. Y para desgracia de todos, lo contrario de salvar vidas, es mandarlas a la muerte.

El presidente con sus decisiones y sus acciones pasará a la historia como genocida.

Oswaldo Jiménez
Coordinador del Grupo Legislativo del PAN
Congreso del Estado de Puebla.

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