Entrevistas

“Un mal diagnóstico se llevó a mi familia”

0

Más de 88 mil vidas ha cobrado el coronavirus, la cifra continúa y en este año más familias deberán ocupar un nuevo lugar en su ofrenda

Victoria Ventura

En Puebla la temporada de muertos está presente en el ambiente, las flores de cempasúchil crecen en los campos de cultivo, los climas fríos ya enchinan la piel de los poblanos y el profundo y cálido, aunque un poco empalagoso olor ahumado del incienso comienza a inundar las casas poblanas, pues ya toca abrirles la puerta a los difuntos, en este año sumó a más de 88 mil personas que perdieron la batalla contra un inesperado invasor: el covid-19.

La tragedia no termina con la partida de los seres queridos, se queda en los deudos que hoy viven su duelo y quienes tendrán que destinar un nuevo lugar en su ofrenda.

Con voz apesadumbra, Brenda, estudiante poblana de 23 años, cuenta su historia. Además de vivir aislada por más de dos meses al dar positivo al nuevo coronavirus, también tuvo que ver partir a unas de las personas más importantes para ella, su abuela y tíos a causa del nuevo coronavirus.

Con un tono de voz amable, comparte con NG Noticias su martirio al enfrentarse a esta nueva enfermedad:

“Ante un mal diagnóstico de un doctor que actualmente está prófugo, mi tío fue el primero en fallecer”, relata.

“Todo lo que el doctor le decía a mi tío es que era una gripa que venía de los pulmones, pero como sabíamos todo lo que estaba rondando desde marzo, era covid (…) después de dar positivo a la prueba de coronavirus, mi tío vivió quince días, fue el primero en fallecer de mi familia”, relata.

La situación se vio desfavorable y caótica para los Arroyo, pues al ser una familia numerosa viviendo bajo el mismo techo, esto trajo consigo una incubadora para el covid-19. El desgaste físico, la desesperación y la paranoia se hicieron presentes en cada uno de los integrantes de la familia.

“Cuando mi tío comienza la batalla entre el vivir o morir, decidimos sacar a mis abuelos de la casa (…) mi tío fallece el 18 de julio y a los tres días mi abuelita se pone mal, otra vez tuvimos que revivir el protocolo: llamar a la ambulancia y ver en qué hospital la iban a trasladar”, cuenta con voz desesperada, con suspiros de cansancio al recordar la travesía.

La familia tuvo que enfrentarse a una nueva realidad, pero ahora era la jefa del hogar, la abuela, quien se debatía entre la vida y la muerte en un hospital covid. En la voz de una de las nietas que siempre estuvo de pie ante la batalla del coronavirus, relata que después de cuatro días y ante el diagnóstico de una posible intubación, la jefa de la familia Arroyo, habría fallecido.

“Mi abuelita se fue sin enterarse que su hijo había fallecido (…) ante los protocolos de la enfermedad, ya no pudimos despedirnos de ella, ya no pude abrazarla”.

Sin embargo, la pesadilla para la familia aún no había terminado, en tan sólo dos días más, el coronavirus se llevaría a otro de sus tíos: “fue devastador, se fueron dos hermanos y una mamá”.

Y es que, a pesar de la situación desgarradora que estaban viviendo, la esperanza y la presencia de un ser supremo, como ella relata, estuvo a un lado de su familia.

“Aquí, donde vivo, nos conoce mucha gente, y algunos de ellos trabajan o tiene conocidos dentro de hospitales Covid, así nos podían dar información sobre mi segundo tío, porque pasaban días y las enfermeras no nos daban informes”.

Brenda cuenta que “la visita de un ser supremo portando bata en doctor” se presentó de manera inesperada a la cama del hospital de su abuela; “nosotros no lo mandamos, nadie sabe, nadie se explica, pero los contactos que teníamos adentro nos cuentan que él tenía indicaciones de ver específicamente a mi abuelita” platica entre muecas que parecen sonrisas y los ojos saltones por el asombro.

El coronavirus seguía cobrando vidas de los familiares, sin embargo, Brenda cuenta que, aunque seguía siendo duro saber que un ser querido habría perdido la batalla contra el covid, en ese momento no había tiempo de llorar porque tienes más familiares en cama con un tanque de oxígeno a un lado, que aún siguen en la lucha.

Su tía, la última en irse, decidió ingresar a un hospital privado, sin embargo, ésta no sería la diferencia que daría un giro positivo a la pesadilla de la familia; ante los excesivos costos del hospital y los nulos avances, la familia decide trasladarla a un hospital público, pero al ser parte del grupo de riesgo, ella no viviría para contarlo.

Después del covid

Los decesos terminaron, pero no así el capítulo de esta historia que marcaría un antes y un después de cada uno de los integrantes.

Ahora llegó la crisis económica, y es que el estar ausente en el mercado laboral durante más de un mes habría causado daño en las finanzas familiares, pues la compra de tanques de oxígeno para aquellos que estaban dentro y fuera de un hospital habrían dejado secuelas en los bolsillos de la familia.

“Si una persona genera un gasto en la compra de un gasto de oxígeno, imagínate unas seis personas” acotó.

Dejando a un lado el tema económico, regresar a aquellos lugares donde estuvieron los seres queridos que ahora ya no están, recorrer la casa, el dormitorio y reconocer su olor, aún es un proceso doloroso que aún viven luchando.

“Hace veinte días no pude estar más de media hora en casa de mi abuelita, cuando sucede lo de la pandemia tuve la oportunidad de verla dos veces antes de que se la llevaran al hospital, yo digo que son los mejores días invertidos en mi vida” , cuenta Brenda entre lágrimas y una voz quebrada.

Ante la celebración de los Fieles Difuntos, para Brenda esta época se volvió complicada, pues el sentir la ausencia de una de las personas más importantes en su vida es quizá, el dolor más fuerte.

“El viernes pasé por el mercado y vi las flores de día de muerto, la fruta, el incienso y no pude evitar llorar, la extraño, la quisiera volver a ver, abrazarla, quisiera reírme con ella, esa es la parte que aun no entiendo, sé que van a ser tiempos difíciles”.

 

Compartir ahora

A 2 días de las elecciones en Estados Unidos, Joe Biden acusa de sabotaje a seguidores de Trump

Entrada anterior

Aprovechar la mediocridad – Pepe Hanan

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Deja un comentario

Más en Entrevistas